Bernhard Schlink propone un viaje introspectivo que, lejos de conmover a todos, puede resultar un lastre para quienes no disfrutan de divagaciones filosóficas que interrumpen la fluidez de la trama. Aunque sus reflexiones son lógicas y bien construidas, para algunos lectores se perciben como un obstáculo más que como un valor agregado. En definitiva, el andamiaje intelectual que sostiene “El lector” no siempre logra vestir al relato con la emoción necesaria para impactar.
Sin embargo, el núcleo de “El lector” plantea un conflicto que no deja indiferente. Hanna, la mujer que se convierte en el objeto de deseo de Michael, es mucho más que una figura enigmática: su relación con el joven encierra un abuso de poder disfrazado de romance.
Aunque el consentimiento físico está presente, la dinámica de control psicológico y humillación es innegable, lo que marca al protagonista de por vida. Michael no solo se enfrenta al primer amor, sino también a una experiencia que lo modela y, en muchos sentidos, lo condena.
“El lector” en sí es una pieza literaria de gran calidad, con una prosa impecable y una estructura bien definida en tres partes, cada una con un tono distinto. La primera parte es casi una novela erótica, la segunda entra en el terreno de la narrativa histórica y la tercera adquiere un aire más romántico y reflexivo. Esta transición de géneros es uno de los aciertos de Bernhard Schlink, pues permite que la historia evolucione sin encasillarse en una sola categoría.
Otro acierto es la economía de personajes. “El lector” se centra casi exclusivamente en Michael y Hanna, lo que agiliza la lectura y permite que el lector se sumerja en la relación sin distracciones. Aunque aparecen personajes secundarios, ninguno tiene el peso suficiente para desviar la atención del drama central.
Sin embargo, la introspección del protagonista a veces entorpece el ritmo narrativo. Hay momentos en que la prosa se vuelve densa y la exploración psicológica de Michael se siente repetitiva o innecesaria. Si bien esto puede verse como un recurso para profundizar en su evolución emocional, en ciertos pasajes se convierte en un bache en la fluidez de la lectura.
A pesar de ello, “El lector” consigue provocar una amplia gama de emociones. “El lector” transita entre el coraje, la impotencia, la nostalgia y la tristeza, y es inevitable que en algún punto el lector se conmueva. Además, deja en claro que nuestras acciones tienen consecuencias ineludibles, capaces de moldear toda una existencia.
Termino, “El lector” es una novela recomendable, especialmente para quienes disfrutan de relatos ambientados en la posguerra y en la compleja relación de las generaciones alemanas con su pasado. No es un libro estrictamente erótico ni puramente romántico, pero contiene elementos de ambos géneros dentro de una estructura más amplia y reflexiva. Es una lectura breve, pero intensa, que no deja de remover las entrañas, aunque no necesariamente se convierta en una de esas obras que se atesoran de por vida.
Bernhard Schlink (Bielefeld, 1944) ejerce de juez y vive entre Bonn y Berlín. Su novela El lector fue celebrada como un gran acontecimiento literario y ha obtenido numerosos galardones: el premio Hans Fallada de la ciudad de Neumuenster, el premio Welt, el premio italiano Grinzane Cavour, el premio francés Laure Bataillon y el premio Ehrengabe de la Düsseldorf Heinrich Heine Society. Después publicó un extraordinario libro de relatos, Amores en fuga. PdC.
Escrito por B. Del Ángel.