El Rincón del Loco

“Los alemanes” de Sergio del Molino

Sergio del Molino ha escrito “Los alemanes”, una novela que, según parece prometer en su arranque, iba a ser una poderosa excavación histórica sobre un episodio poco conocido: los alemanes del Camerún que, durante la Primera Guerra Mundial, se refugiaron en Zaragoza.

Seiscientas almas germánicas cruzando medio mundo, para acabar fundando una comunidad cerrada, con sus salchichas, su idioma y su diploma de charcutero enmarcado como escudo de armas. Uno pensaría: aquí hay historia, aquí hay material. Pero no. Sergio del Molino apenas lo roza. “Los alemanes” no es una novela histórica: es un drama familiar disfrazado.

El relato se sitúa cien años después del desembarco germano-africano. Los Schuster, descendientes de aquellos inmigrantes, cargan con el lastre de una historia familiar que nunca pidieron. Gabi, el músico muerto que pone en marcha la novela con su entierro. Eva, la política zaragozana que lidia con un chantaje político. Y Fede, el académico en Ratisbona, que tampoco sabe si mirar hacia el pasado o salir corriendo. Los tres arrastran traumas heredados y secretos no solicitados. ¿Lo más sólido de “Los alemanes”? La construcción psicológica de los personajes. Aunque, aviso: nadie resulta especialmente entrañable ni odioso. Flotan.

El gran conflicto se articula alrededor de un chantaje emocional y político: Ziv Azoulay, judío e inversor inmobiliario con un linaje de cazadores de nazis, busca torcerle el brazo a Eva usando como moneda el oscuro pasado de su padre. Que si colaboró, que si fue un nazi encubierto, que si… pero, al final, no hay ni certezas ni verdadera profundidad. El chantaje queda en una tensión forzada, sobre todo porque ni los hijos fueron cómplices ni hay una herencia tangible de los crímenes. Lo único que heredaron fue la fábrica quebrada de embutidos y una buena dosis de culpa innecesaria.

“Los alemanes” también toca –o más bien roza– temas como el desarraigo, la xenofobia, las redes sociales y la manipulación de la verdad, pero todo eso queda en el decorado. El supuesto gran misterio histórico nunca se resuelve. ¿Qué fue realmente de esos alemanes que llegaron de Camerún? ¿Cómo vivieron? ¿Qué aportaron o padecieron? Sergio del Molino opta por mantener la bruma, y en vez de eso nos sumerge en un drama intimista y familiar que, aunque bien escrito, se va desinflando con cada página.

Porque sí, “Los alemanes” está escrita con una prosa impecable, elegante, inteligente. Los diálogos fluyen, los monólogos internos tienen su miga y hay referencias culturales que invitan a seguir tirando del hilo. Pero una buena escritura no salva una trama que se deshace. El lector se queda al final igual que al principio: sin saber quiénes eran esos alemanes del Camerún. Se promete historia, pero se entrega drama. Y uno no puede evitar pensar que esto fue lo mejor entre ochocientas novelas de un concurso.

Para colmo, si no hablas alemán, más vale que tengas el traductor a mano: hay párrafos enteros sin traducción. Todo muy auténtico, sí, pero también bastante inútil. Y para quienes conocen Zaragoza, el libro tiene algo de postal local: menciones a tiendas, cementerios y salchichas que suman nostalgia, pero no sustancia.

“Los alemanes” no es un mal libro. Es, simplemente, otro caso de expectativa traicionada. Una gran novela que quiso serlo, pero se quedó en borrador emocional.

 

Sergio del Molino (Madrid, 1979) es un escritor y periodista español, autor entre otras obras de La España vacía, un ensayo que abrió un debate social y político sobre la despoblación y sobre el efecto que el abandono del mundo rural ha tenido en el imaginario colectivo de los españoles. Ganó el Premio Alfaguara de Novela 2024, con su obra Los alemanes. PdC.

Escrito por B. Del Ángel.

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