“Ballerina”  no es sólo un spin-off del universo John Wick. Es un ballet ultraviolento, una ópera prima con pistolas y piruetas, que lanza a Ana de Armas al centro de la pista armada con más que gracia: con furia. Esta es Eve Macarro, asesina entrenada desde niña en una escuela que combina pliés con puñetazos, cortesía de Anjelica Huston como una matriarca del crimen tan elegante como letal.

La historia es sencilla y lo sabes: venganza. Eve vio morir a su padre y ahora, tras años de entrenamiento en la Ruska Roma, quiere cobrarse la cuenta. La Directora (Anjelica Huston) se lo prohíbe, lo que en cualquier película de acción equivale a una invitación. Aparece un tal Daniel (Norman Reedus con cara de mapa y pasado sospechoso), que le apunta hacia un nuevo objetivo: el enigmático y poderoso “Canciller”, interpretado por Gabriel Byrne. Y como todo buen conflicto entre facciones secretas necesita árbitro, llaman nada menos que al Baba Yaga. Sí, ese John Wick. Keanu Reeves, claro.

Ballerina” no pierde el tiempo con diálogos existenciales ni explicaciones largas: aquí se trata de matar a todos con estilo. Y Ana de Armas lo hace con tal convicción que uno casi se olvida de que mide 1.60 y carga armas que parecen sacadas de Call of Duty. Es cierto que nunca se despeina, no sangra más de la cuenta y jamás le entra el frío pese a asesinar en medio de una nevada alpina, pero ¿quién quiere realismo cuando el ritmo es este?

La coreografía de las peleas —y el término no es casual— es hipnótica. Cada combate parece sacado de un musical de Sondheim en esteroides. Y si hay dudas sobre el talento físico de Ana de Armas, basta recordar su breve, brillante aparición en No Time To Die. Aquí demuestra que puede cargar una película entera a balazo limpio.

Ahora bien, el guion hace malabares para justificar su vínculo con el universo Wick. Algunas escenas parecen pegadas con cinta adhesiva: “mira, aquí está Charon (el difunto Lance Reddick), allá va Winston (Ian McShane), y sí, también aparece John.” La conexión se siente forzada a ratos, como si Ballerina” fuera un proyecto independiente al que le pegaron parches del multiverso Wick porque… es franquicia. ¿Funciona? Más o menos. ¿Entretiene? Sin duda.

Donde Ballerina” cojea es en la construcción emocional del personaje. Hay chispazos de motivación, flashbacks que explican su rabia, pero todo queda en lo justo para mover la trama. La protagonista tiene más músculos que alma, y eso limita lo que podría haber sido una antiheroína inolvidable.

¿Vale la pena? Por supuesto. Es estilizada, frenética y sin pretensiones. Es Lady Wick, y si eso suena a copia, que así sea. A veces uno no quiere una película profunda: quiere a una mujer matando mafiosos con una sartén en medio de un pueblo alpino en llamas. Y Ballerina” entrega exactamente eso, con una reverencia final… y el gatillo listo para la secuela. Buena. PdC.

Crítica de Antelmo Villa.

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