¿Y si el amor fuera tan pegajoso que literalmente no pudieras despegarte? “Juntos”, debut del director Matthew Shanks, se lanza de cabeza al delirio con una pregunta sencilla: ¿qué pasa cuando una relación tóxica deja de ser solo una metáfora emocional y se vuelve corporal? El resultado es una mezcla improbable —y sorprendentemente eficaz— entre comedia romántica millennial y body horror viscoso, grotesco y muy, muy físico.

Tim (Dave Franco) y Millie (Alison Brie), pareja en la vida real, interpretan a… bueno, una pareja que claramente ya no está bien. Huyen del bullicio urbano a una casa perdida en el campo, buscando reconectar, reinventarse, o al menos no matarse mutuamente. Pero claro, esto es cine de terror: se topan con un charco maldito que desencadena una mutación inquietante. A partir de ahí, Juntos” se convierte en una orgía de carne, fluidos y desesperación romántica. Literal.

El primer gran acierto de Matthew Shanks es que no disfraza nada. Desde el arranque —con dos perros que se fusionan en una criatura al estilo de  La cosa tras beber del mismo pozo—, el tono queda claro: aquí no hay sutileza, pero sí hay estilo. El guion no se pone meta ni juega al sarcasmo: simplemente nos lanza de frente a esta relación podrida, con el mismo impulso con el que los cuerpos de los protagonistas se adhieren, se deforman y se niegan a separarse.

La química entre Alison Brie y Dave Franco es el alma del film. No solo funcionan como pareja disfuncional, sino que logran ese extraño equilibrio entre repulsión y ternura. Él, un músico frustrado y emocionalmente bloqueado. Ella, una maestra en ascenso que arrastra resentimiento y cansancio. Ambos están atrapados en la fantasía de lo que su relación debería ser, sin querer enfrentarse a lo que realmente es. El cuerpo, aquí, se convierte en metáfora —y luego en cárcel.

Juntos” juega con frases manidas del amor romántico: “mi otra mitad”, “estamos hechos el uno para el otro”, “no puedo vivir sin ti”… pero las toma al pie de la letra y las transforma en pesadilla viscosa. Hay una escena de sexo que redefine el concepto de “intimidad incómoda”, y otra con una sierra eléctrica que te hará agradecer tus relaciones fallidas.

Lo que sorprende es lo bien que funciona el equilibrio: Juntos” es repugnante, pero también tierna. Tiene chistes dignos de cualquier serie exitosa —como una propuesta de matrimonio que se desinfla en cinco segundos—, pero también imágenes de terror corporal que harían sonrojar a Cronenberg. Y en medio de esa carnicería emocional, hay una reflexión honesta sobre la codependencia: ¿hasta qué punto te estás perdiendo a ti mismo por no soltar a alguien más?

El desenlace logra lo impensable: emociona. Es dulce y perturbador al mismo tiempo. Porque sí, a veces amar duele. Pero nunca había sido tan pegajoso, literal y… entretenido. Juntos” no es para todos, pero es una joya para quienes buscan algo que los haga reír, retorcerse y cuestionarse si su relación también necesita una buena amputación emocional. Buena. PdC.

Crítica de Antelmo Villa.

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