Como una pintura nos iremos borrando, nos iremos secando aquí sobre la tierra. Meditadlo señores águilas y tigres, aunque fuerais de jade, aunque fuerais de oro, también allá iréis, al lugar de los descarnados. Emperador Nezahualcóyotl.
Cientos, quizá miles de flores de cempasúchil ambientan la ofrenda monumental en la plaza del Zócalo de la Ciudad de México. El altar a nuestros ancestros se compone de 30 figuras impresionantes. Entre ellas destaca la presencia de 12 esculturas enormes:
Tonantzin, diosa mexica que convoca la ofrenda; Cuerauáperi, deidad purépecha de la fertilidad y las lluvias; Ixmucané, abuela creadora del maíz en la tradición maya; la Reina Roja, dignataria maya de Palenque que simboliza la memoria y el linaje femenino; y Xonaxi, diosa zapoteca del tránsito entre la vida y la muerte.
Miles de personas, algunas disfrazadas de “catrinas” o de algún personaje alusivo a Halloween, se dan cita para admirar la ofrenda dedicada a los 700 años de la Fundación de México-Tenochtitlán, que incluye elementos simbólicos del mundo prehispánico y que además este año rinde homenaje a la diosa madre Tonantzin.
La ofrenda también reúne a otras figuras femeninas vinculadas al agua, al viento y al maíz.
Visitar la monumental ofrenda del centro de la Ciudad de México, que estará hasta el domingo 2 de noviembre, es una experiencia muy particular en la que se mezclan nuestras tradiciones ancestrales con costumbres adoptadas del vecino país. Así vemos como jóvenes disfrazados de zombis se toman la foto con la “catrina” o como fondo a la madre Tonantzin o a los xoloitzcuintle.
Un recuerdo que deje ¿Con quién he de irme? ¿Nada dejaré en pos de mí sobre la tierra? ¿Cómo ha de actuar mi corazón? ¿Acaso en vano venimos a vivir a brotar sobre la tierra? Dejemos al menos flores. Dejemos al menos cantos. PdC.
