Jay Roach vuelve al ruedo con “Los Roses”, una versión actualizada —y bastante domesticada— de The War of the Roses, aquella joya negra que Danny DeVito dirigió en 1989 sobre un divorcio tan sangriento que hacía reír y doler al mismo tiempo. Esta vez, el guion de Tony McNamara (sí, el de La Favorita y Pobres criaturas) y el dúo de Benedict Cumberbatch y Olivia Colman intentan revivir el ácido espíritu de la original, pero el resultado huele más a ambientador de lujo que a pólvora.

Theo (Benedict Cumberbatch), arquitecto existencialmente frustrado, e Ivy (Olivia Colman), chef brillante y caótica, son el típico matrimonio envidiable que todos quisieran ser… hasta que uno rasca un poco la superficie. Lo que empieza como un romance espontáneo entre dos almas creativas se convierte en un museo de resentimientos: él, despedido y humillado; ella, convertida en una empresaria culinaria con ínfulas de diosa del marisco. Entre ambos, dos hijos desquiciados y una mansión en la costa californiana que parece diseñada por Nancy Meyers después de un mal día.

Los Roses” arranca con promesas de sátira elegante, de esas que combinan copas de vino con insultos disfrazados de cortesía británica. Benedict Cumberbatch y Olivia Colman están espléndidos: se odian con una química deliciosa. Ella, una fiera con delantal; él, un mártir con ego de arquitecto. Juntos convierten cada escena en una danza de veneno pasivo-agresivo que roza lo perversamente divertido.

El problema es que Jay Roach se queda corto en la crueldad. Donde DeVito mostraba garras, Jay Roach se limita a morder con guantes de seda. Los Roses”, más que una guerra conyugal, es un largo lamento sobre el desgaste del amor moderno, contado con la ironía amable de quien no quiere mancharse las manos. Hay humor, sí, pero también una tibieza que desactiva la tragedia.

Tony McNamara y Jay Roach parecen más interesados en diseccionar el matrimonio contemporáneo como institución vacía que en retratar su destrucción con la ferocidad que la historia exige. Su crítica social se disfraza de farsa sofisticada: parejas infelices que fingen felicidad, amigos cínicos que se aferran al matrimonio “porque ya llevan dos décadas juntos” y un entorno de clase alta que reduce el amor a un contrato de imagen.

Cuando la relación de Theo e Ivy finalmente estalla, el espectador debería sentir la catarsis del caos. En cambio, lo que llega es un amago de tragedia adornada con humor negro, pero sin la valentía de morder el corazón podrido del matrimonio. Jay Roach, más interesado en su puesta en escena reluciente que en el filo del guion, termina filmando una elegante posdata sobre la mediocridad sentimental de la clase acomodada.

Los Roses” entretiene, provoca sonrisas y luce impecable. Pero lo que fue una guerra de destrucción mutua se convierte aquí en una riña de diseño. Benedict Cumberbatch y Olivia Colman son dinamita; el problema es que Jay Roach les da fósforos mojados.

El resultado: una comedia negra sin dientes, hermosa de ver, pero demasiado educada para dejar cicatriz. Regular. PdC.

Crítica de Antelmo Villa.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

Te puede gustar