Eva Victor aterriza en el largometraje con Lo siento, cariño y lo hace sin aspavientos, sin violines lastimeros y, sobre todo, sin miedo a incomodar. Lo siento, cariño no grita: respira hondo, mira de frente y te deja con el estómago apretado. Es un debut que combina nervio, humanidad y una sensibilidad quirúrgica, tan honesta que por momentos resulta difícil seguirle el paso… pero imposible apartar la mirada.

Lo siento, cariño se centra en Agnes, una estudiante de posgrado que intenta recomponer su vida después de una agresión sexual. Eva Victor, que escribe, dirige y protagoniza, no cae en la trampa de mostrar el horror para “validarlo”. Aquí el golpe no se ve, pero te atraviesa igual: la cámara se planta frente a la casa del profesor, observa cómo cae la tarde y, horas después, recibe a una Agnes desorientada, rota, pero de pie. Ese silencio es más violento que cualquier escena explícita.

Lo siento, cariño avanza y retrocede en el tiempo como lo hacen los recuerdos cuando duelen: sin orden, sin permiso y sin lógica aparente. En cinco años de vida, Agnes oscila entre el sarcasmo como escudo, la tristeza que no explica y esos pequeños destellos de luz que a veces llegan en forma de un vecino amable (Lucas Hedges), a veces en la voz franca y protectora de su mejor amiga Lydie, interpretada con una calidez luminosa por Naomi Ackie.

Eva Victor demuestra un control casi perverso del tono: pasa de la comedia negra a la quietud emocional con una naturalidad que parece fácil —spoiler: no lo es—. Su humor no evade el trauma, lo bordea, lo pincha, lo señala. Y cuando toca ponerse seria, lo hace con una elegancia que muchas directoras tardan años en dominar.

No todo funciona al cien, claro. Algunos personajes secundarios bordean lo caricaturesco —especialmente cierta rival académica con vibras de comedia noventera— y alguna escena universitaria parece metida con calzador. Pero incluso esos tropiezos ayudan a oxigenar una historia que, en otras manos, sería un muro emocional imposible de escalar.

Lo que realmente distingue Lo siento, cariño es su comprensión radical de lo que significa seguir viviendo después del trauma: no hay discursos iluminados, no hay un final “superado”, no hay mantra de autoayuda. Hay días buenos, días terribles y días en los que una conversa con una amiga basta para seguir caminando. Eva Victor filma esa verdad sin morbo y sin pena, como quien sabe de primera mano que el dolor también convive con la risa, la torpeza y las segundas oportunidades.

Al final, Lo siento, cariño no es solo un retrato de la herida: es un canto a la amistad, a la sororidad, a la gente que te acompaña cuando el resto del mundo te exige pruebas que no deberías dar. Es un debut feroz, íntimo y profundamente humano. Un recordatorio de que sanar no es olvidar ni perdonar: es insistir en existir. Buena. PdC.

Crítica de Antelmo Villa.

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