La ciencia nos ha regalado más tiempo, pero el sistema de salud no nos está dando la calidad de vida para disfrutarlo. Un estudio de la UNAM revela la cruda realidad detrás de nuestra longevidad.
Y es que a pesar de que la esperanza de vida en el país aumentó en las últimas tres décadas, los años adicionales se viven con enfermedades o discapacidad.
¿De qué sirve vivir hasta los 80 si vas a pasar los últimos 15 lidiando con dolor o discapacidad? Esa es la pregunta incómoda que deja sobre la mesa Marcela Agudelo Botero, investigadora de la UNAM. En el último seminario sobre bienestar urbano, la experta soltó una frase que debería hacernos reflexionar a todos: “Se vive más, pero no con mejor salud”.
La paradoja mexicana: Más velas, menos energía
Aunque entre 1990 y 2019 celebramos que la esperanza de vida en México subió un 6.7%, la letra chiquita del contrato dice que no evolucionamos igual en bienestar. Estamos atrapados en un círculo donde pasamos más tiempo conviviendo con enfermedades crónicas.
Y por si fuera poco, llegó el “golpe de realidad” reciente: entre 2020 y 2021, la esperanza de vida se desplomó 3.1 años. ¿Los culpables? Principalmente el COVID-19, pero también una violencia que no da tregua. Mientras que la CDMX fue la más castigada por la pandemia (perdiendo 4.3 años), estados como Chihuahua y Zacatecas ven cómo su gente vive menos debido a homicidios y accidentes.
¿Quiénes la pasan peor?
La desigualdad no solo está en el mapa, también está en el género:
Ellas: Las mexicanas pasan casi 12 años de su vida con problemas de salud o discapacidad.
Ellos: Los hombres viven unos 9 años en condiciones desfavorables.
Además, tu código postal importa (y mucho). Si vives en una zona con menos recursos, el sistema de salud te queda a deber, concentrando la calidad solo en los lugares con menos marginación.
El diagnóstico: Un sistema que no cura el fondo
Estamos lidiando con una “doble carga” que suena a pesadilla: por un lado, enfermedades como la diabetes y el cáncer (que representan el 68% de nuestros años perdidos); por otro, un repunte del 50% en muertes por temas respiratorios.
“No basta con que haya hospitales, hay que ver qué calidad ofrecen”, advirtió Agudelo. Y es que México tiene de las tasas más altas de muertes evitables en la OCDE. El resultado: terminamos pagando de nuestro bolsillo más del 40% de lo que cuesta curarnos.
¿Hay salida?
Para los expertos, no hay recetas mágicas. Necesitamos políticas que entiendan que lo que pasa en Chiapas no es lo mismo que en Nuevo León. Aunque hemos bajado las muertes por lesiones y enfermedades crónicas, el reto sigue siendo que esos años extra que ganamos no se queden solo en el calendario, sino que se vivan con dignidad. PdC.
