La Loca del Gato y otras

No es el perro, eres tú

Si no educas a tu perro, no lo saques.

Ayer vi algo que me dio asco y coraje.

Estaba en un restaurante, mesa afuera. Llega una señora con su perro. El lomito levanta la pata y orina pegado a la mesa de al lado.

La tutora lo vio.

Espero a que terminara.

No dijo nada.

No limpió nada.

Solo siguió su camino como si el problema fuera de todos menos de ella.

La escena que presencié ayer en ese café me dejó una mezcla de asco y coraje. No fue culpa del perro, sino de una tutora que olvidó que el espacio público es un espejo de nuestra educación y respeto por el vecino.

A ver: tener un perro no es un derecho, es una responsabilidad.

Darle croquetas no te hace buen tutor. Sí, darle casa, comida y veterinario es obligatorio. Pero eso es lo mínimo.

Lo que de verdad define si eres responsable es esto:

*Enseñarle dónde hacer del baño*. Hay pasto, tierra, coladeras. La banqueta, la llanta y la terraza del restaurante NO.

*Cargar siempre bolsitas*. Si hace popó, la levantas. Si hace pipí, llevas agua para diluir. Son 30 segundos.

 *Controlarlo*. Correa, educación, límites. Tu perro no puede decidir por ti.

Si no puedes con eso, no tengas perro. Así de simple.

Tu comodidad no va sobre la mía

Esa señora convirtió mi café en algo asqueroso. Me quitó el derecho de estar tranquila por su flojera de educar a su perro.

Y luego nos quejamos de que ya no dejan entrar perros a ningún lado. Pues claro. Por gente que cree que “ay es que es su naturaleza”.

La naturaleza del perro es hacer donde sea. La tuya como humano es enseñarle donde NO y donde SI.

CDMX no es el baño de tu perro

Queremos ciudades pet friendly. Pero ser pet friendly empieza por ser persona responsable.

Si amas a tu lomito, demuéstralo educándolo. Si no, déjalo en casa.

Porque lo que pasó ayer no fue “una travesura”. Fue falta de respeto. Fue suciedad. Fue egoísmo. Fue falta de responsabilidad social.

Y ya estamos hartos.

Amar también es poner límites

Cuando tu perro orina en la vía pública y tú no limpias, le estás diciendo al mundo: “mi comodidad va primero”.

Y no. Tener mascota es un contrato de 3: tú, tu perro y la sociedad.

Ojo: no estoy en contra de los lomitos (yo tengo dos y los amo) en restaurantes. Yo amo verlos conviviendo. Pero con correa corta, tranquilos, y sin usar la terraza de baño.

El privilegio de compartir ciudad

CDMX está llena de perros. Y qué bien. Son familia.

Pero si queremos que nos sigan dejando entrar a cafés, parques y plazas, nos toca ser los tutores más responsables del mundo.

Porque al final, la gente no se va a acordar de que tu perro es el más bonito o el más listo. Se va a acordar de si tuviste que limpiar o no. De si respetaste su espacio o no.

Tener un perro es de los regalos más grandes.

Cuidarlo, educarlo y respetar a los demás… es la forma de agradecerlo.

Ganar espacios para nuestros perros nos costó años de esfuerzo, pero perderlos nos va a costar solo un instante de descuido. Al final, educar a un lomito es un acto de amor hacia él, pero limpiarle es un acto de respeto hacia el mundo.

Seamos los tutores que abren puertas, no los que construyen muros. La próxima vez que salgas, recuerda que la correa une a dos seres: uno que confía en ti y otro que tiene la obligación de demostrar civismo. Hagamos que valga la pena compartir la ciudad.

“¿Cuál crees que es la regla #1 para salir con tu perro?” ¿Tú qué opinas? ¿Te ha tocado ver escenas así?

Te leo en los comentarios. PdC.     

Foto de Nelim Chowdhury.

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