Cultura

“Hay unos ojos que sí me miran”

Texto y foto de Susana Vega López.

“A veces soy flor, en ocasiones araña. Me perfumo después de lavarme bajo la regadera del rocío y exhalo el rubor de los pétalos que acompañan mi existir”. Así comienza la obra “Hay unos ojos que sí me miran” (pensada en monólogo) donde el director, Mario Alcántara, decidió que fueran cuatro los personajes en escena.

A un costado, el músico y cantante y el maestro Salomón Ramírez, quien interpreta segmentos de canciones de la época de los ’60 a la fecha.

La historia cuenta la vida de una mujer y para ello son dos quienes actúan: la joven, que narra su vida como tal, y se apoya en una señora madura para explicar las diferentes épocas, hasta la tercera edad.

También, en el escenario aparecen dos hombres que interpretan varios personajes, que incluyen a: Jaime y Arturo (gemelos idénticos); Jesús “El 17 Veces” (su primer marido); Inocencio; Filiberto, el médico (su segundo esposo), y Guillermo, el tercer marido,  quien resultó ser 17 años menor que ella.

Una puesta en escena donde, curiosamente, el personaje principal no tiene nombre porque “es el reflejo de muchas mujeres”, consideró, en entrevista, el autor de esta interesante obra, Felipe Galván Rodríguez.

El dramaturgo, escritor y también investigador confió en que el teatro nunca va a desaparecer “porque es algo vivo, cualidad que no tienen otras plataformas. El teatro ha ido evolucionando. No ha muerto ni morirá,  porque ni el cine, ni la radio ni la televisión tienen la presencia viva. El creador escénico, el actor, está frente al público, el receptor. Eso no lo tienen ni el cine, ni la tv, ni todos los demás medios.

-Entonces, ¿no es cierto que el teatro está en crisis?

-Siempre dicen que el teatro está en crisis. ¡No es cierto! No hay comparación. Es otra experiencia diferente. Ésta es en vivo. Uno puede admirar a Sofía Loren pero pues, la tenemos en pantalla y uno sabe que es sólo imagen. En el teatro los actores están allí, contando historias. ¡Imagínate que tenga enfrente de mi a esta actriz ¡mi eterna novia! (y sonríe el maestro), no importa que mi italiano sea deficiente; yo me sabría expresar, comunicar con ella ¡bueno, ahora ya estamos viejos, ya pasó. Pero me daría a entender para acercarme.

-¿Cómo se le ocurrió esta obra?

-Es una historia de vida. No se me ocurrió apenas. De hecho, es parte de la historia de una persona que conozco, que he observado, he seguido y el punto de partida que detona para la obra es el hecho de que, por tercera ocasión, esta mujer -ya entrada en los 70 años- por primera vez, lo hace por la Iglesia… ese fue el disparador, que se casa hace dos años. Tengo tiempo que conozco al personaje base. Es sesentera y como tal es anti-ritos tradicionales. Y es así que decido escribir la obra.

-Es caso de la vida real.

-Sí, pero no es exactamente una biografía, sino que tomo algunos datos de su vida para realizar una propuesta imaginativa, que es lo que creo. Es la otredad. Tomo unos datos de su vida y con la imaginación se da un resultado. Contamos una historia en donde la protagonista afirma que casarse es firmar un papel de pertenencia y ella lo hizo por primera vez a los 19 años.

-Además se interpretan varias canciones

-Sí, porque la idea es que la música ambiente las épocas, ya que se narra una historia que viene desde los sesenta hasta la segunda década de este siglo. Y es que en lugar de decir que “esto pasó en los setentas o en tal año” optamos por poner una canción, por vestir la obra con música de los 70, de los 80, 90… es algo incidental; no es parte de mi texto. Es la mano sabia, rica y sensible de nuestro director, Mario Alcántara. Y le da un vestido como de lujo para que el público participe porque cantan, tararean, recuerdan, lo que pasó en aquellos tiempos cuando escucharon esa canción.

Y es que, en el estreno de la obra -el pasado sábado 29 de agosto- la mayoría del público rebasábamos los 60. Casi todos cantamos o tarareamos Amor de VeranoRosas en el mar y, por supuesto, Hay unos ojos que sí me miran, entre otras más. No escuchamos música; escuchamos recuerdos.

El estreno fue casi con amigos, familiares, conocidos y esperan que las siguientes fechas haya público abierto;  que la gente se anime y asista uno de estos sábados a divertirse, a distraerse, a olvidarse y concentrarse en una historia.

El título de la obra se refiere a que “El 17 Veces”, siempre que se la encontraba, le cantaba esta letra que dice:

“Hay unos ojos que si me miran

Hacen que mi alma tiemble de amor.

Son unos ojos tan primorosos,

Ojos más lindos no he visto yo.

Y todos dicen que no te quiero,

Que no te adoro con frenesí

Y yo les digo que mienten, mienten,

Que hasta la vida daría por ti”.

En esta obra de teatro, Felipe Galván aborda el tema de la sexualidad “sin usarlo como gancho; no es mala mi intención. No es un sexo explícito. No es abiertamente provocativo”. Y es que en una parte de la obra que toca el tema sexual lo hace de tal manera que te ríes, te asombras, descubres, “porque el sexo forma parte de nuestra existencia. Somos producto del sexo de nuestros padres; entonces, no se debe ver como pecaminoso pero tampoco como corriente, vulgar o soez”.

Reiteró el autor que es sólo una vez al día “porque ahora los teatros son como condominios de uso múltiple; hay varias funciones de distintas obras al día; entonces, al terminar una obra se limpia el teatro porque empieza otra muy distinta”.

Es una puesta en escena divertida; el precio es de 300 y 500 pesos, y las funciones se darán hasta el primer sábado de diciembre en este teatro, Rodolfo Usigli, que tiene un aforo de 170 butacas registradas por la Secretaría de Cultura.

Felipe Galván Rodríguez 

Su relación con el teatro mexicano está muy vinculada a la investigación histórica y al teatro político. La Enciclopedia de la Literatura tiene catalogadas varias de sus publicaciones entre las que destacan: Antología: Teatro del 68; Teatro, religión y sociedad; teatro ritual; dramaturgia universitaria.

El actor, investigador, director, dramaturgo, autor y docente, que nació en la Ciudad de México, ha escrito más de 50 obras de teatro y cuenta con reconocimientos como el Premio Nacional de Teatro Infantil del INBA (1983) y el Premio Nacional de Teatro Wilberto Cantón (2005), entre otros.

Estudió la carrera de químico bacteriológico y parasitólogo, pero se inclinó por el teatro. Recuerda que en el famoso movimiento del ’68 fungía como representante ante el Consejo Nacional de Huelga y por acudir a un ensayo teatral no asistió a la marcha del 2 de octubre, fecha en donde muchos estudiantes fueron masacrados.

En 2018 presentó La noche que no fuimos historia, que trata de la intervención militar en las instalaciones del Instituto Politécnico Nacional.

Cabe señalar que en el IPN se creó el Concurso y Muestra de Teatro “Dramaturgo Felipe Galván Rodríguez”.

En Coyoacán, en la calle de Héroes del 47, se encuentra el teatro Rodolfo Usigli donde, reiteramos, todos los sábados a partir de las seis de la tarde se presenta la obra “Hay unos ojos que sí me miran”, original de Felipe Galván Rodríguez. ¡Vamos! PdC.

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