Sírvanse una buena taza de café y acompáñenos en esta plática con la mirada fija en el cielo. Hoy nos sumergimos en las páginas de la historia y la tradición de la mística región de Los Tuxtlas, Veracruz, para descubrir los detalles detrás de su Festival Internacional del Globo de Papel. Una herencia con más de un siglo de vida donde el ingenio, el color y el fuego se abrazan para dar vida a auténticos colosos que desafían al firmamento. Déjense llevar por la magia de estas manos artesanas en una crónica que les encenderá el corazón…
La fascinante historia detrás del Festival Internacional del Globo de Papel comenzó hace más de un siglo, cuando un circo extranjero llegó a la mística región de Los Tuxtlas. Aquella noche, los pobladores contemplaron con asombro un espectáculo inolvidable: un majestuoso globo aerostático de tela, inflado con vapor, que flotaba libre iluminando la oscuridad.
Con el corazón encendido por la maravilla, los habitantes se propusieron recrear ellos mismos esa danza de fuego y color. Fue así como en 1914 nació una tradición. Sin telas ni sistemas complejos de vapor, el ingenio local floreció utilizando los materiales más sencillos y puros: el papel y la imaginación.
De un juego de barrio a una fiesta del mundo
Con el paso de las décadas, este hermoso ritual se arraigó con tanta fuerza que se convirtió en el alma de las fiestas patrias. Aunque la herencia artesanal de soltar globos lleva 112 años latiendo en San Andrés Tuxtla, Veracruz, fue en 2014 cuando el encuentro maduró para convertirse formalmente en un festival internacional.
En los últimos 12 años, lo que solía ser una entrañable exhibición entre vecinos se transformó en un abrazo masivo que hoy recibe a creadores locales, de todo México y rincones del extranjero.
Cada año, del 12 al 16 de septiembre, las miradas de propios y extraños se unen bajo el mismo cielo. Todos comparten una misma emoción: ver elevarse a estos gigantes de papel de china, resina y fuego. Este 13 de septiembre, cientos de luces de colores cobraron vida para inaugurar oficialmente la edición de este año, vistiendo la noche de gala.
Cinco días de alma, fuego y color
Durante cinco días, San Andrés Tuxtla se transforma en el epicentro del talento y la identidad. Manos artesanas de México y Latinoamérica tejen una complicidad única, obsequiando a los visitantes un festín de armonía visual. Cada globo es una obra de arte que exige la precisión de un circo y la delicadeza de un cirujano. Miles de pliegos de papel de china se unen minuciosamente a una corona de varillas de otate o alambre delgado.
En la base, el milagro ocurre gracias a la candileja: una pequeña fuente de calor hecha de estopa o algodón empapado en parafina. Al encenderse, el aire se calienta, el papel se infla como un suspiro y el globo emprende su viaje al firmamento.
La inauguración de este año comenzó con el emotivo performance “Cuatro elementos, un mismo cielo”. El ambiente se llenó de la contagiosa alegría de las tradicionales mojigangas, mientras los artesanos demostraban el dominio de sus técnicas ancestrales.
En esta ocasión, la hermandad creció gracias a las delegaciones internacionales de Brasil y Colombia, quienes compartieron su propia magia en un intercambio cultural inigualable. Asimismo, el festival se enriqueció con la riqueza artesanal de Zozocolco de Hidalgo, Chiapas y Yucatán, llenando el cielo de diseños únicos y visiones diversas de nuestro México.
Cuando estos colosos artísticos —que llegan a medir entre 10 y 20 metros de altura— se elevan, el espectador contempla el fruto de semanas y meses de trabajo en equipo. Son comunidades enteras unidas por un diseño.
Tras cinco días de fiesta, los gigantes de papel se despiden lentamente, dejando el cielo de Los Tuxtlas en una cálida penumbra. Sin embargo, el resplandor de sus fuegos y la belleza de sus colores se quedan encendidos para siempre en el corazón y el recuerdo de quienes tuvieron la fortuna de soñar despiertos mirándolos volar.
Y así, habrá que esperar hasta el próximo año para volver a maravillarnos con estos hermosos gigantes de papel, color y fuego, cuando vuelvan a surcar y a encender el cielo de San Andrés Tuxtla, Veracruz. PdC. ☕
