El Rincón del Loco

“Cantan al hablar” de Zoila Vega Salvatierra

“Cantan al hablar” no es solo una novela, es una sinfonía en seis movimientos narrados por seis pianos que cuentan, suenan y vibran con más alma que muchos humanos. En este arriesgado y brillante ejercicio de prosopopeya, Zoila Vega Salvatierra se atreve a convertir a los grandes protagonistas de la historia musical de Arequipa —un Blüthner, un Steinway, un Yamaha y compañía— en los cronistas sensibles y afilados de un siglo entero de vida cultural peruana.

Detrás del seudónimo “Cristofori”, con el que se presentó al Premio Copé 2012 (y obtuvo una mención honrosa), estaba esta musicóloga arequipeña que no escribe: compone. Su relación con las palabras es fonética, rítmica, casi física. No hay cacofonía, no hay disonancia. En sus manos, el Arial 12 se vuelve una partitura donde cada oración está afinada en do mayor. De ahí el título del libro: “Cantan al hablar”, porque en el mundo de Zoila Vega Salvatierra, hablar es música, y contar es entonar.

Este sexteto de pianos se convierte en testigo y partícipe de una ciudad que vive entre procesiones desafinadas, danzas, fábricas de kimonos culturales y deslices de modernidad. Desde su posición fija en casas, auditorios, salas o almacenes, los pianos han visto pasar estudiantes, músicos, políticos, amores, dictaduras y exilios. Y lo narran todo con ese tono que solo un instrumento bien afinado podría tener: contenido, evocador, sin florituras innecesarias.

Lo que destaca —y deslumbra— es el enfoque. Mientras otros libros sacan brillo al genio fracturado del primer mundo, “Cantan al hablar” decide hacer lo opuesto: rendir homenaje a la música cotidiana, a la memoria cultural de una ciudad periférica. Aquí no hay Einstein ni Heisenberg, pero sí hay compositores, técnicos, afinadores, estudiantes, vendedores de partituras y afinadores de espíritu. Todos caben en “Cantan al hablar” sin protagonista humano, porque lo humano está en todas partes: incluso en la madera de un Rönisch de 1920.

“Cantan al hablar” es una novela política, en el mejor sentido del término. Porque apunta directo al corazón del canon literario peruano, ese que se construye desde Lima y para Lima. “Cantan al hablar” es un grito afinado (pero grito al fin) que exige espacio para las demás voces del país. Arequipa, con su acento, su historia y su río delgado, reclama representación desde la ficción, y Zoila Vega Salvatierra le da ese derecho con elegancia y determinación.

“Cantan al hablar” se lee como se escucha una pieza lenta de cámara: con pausa, con atención, con el placer de reconocer cada nota, cada variación de tempo. Y cuando crees que la historia se apaga, que ya conociste a todos los personajes, que la melodía está por acabar, los pianos te sorprenden con una coda emocional que crece como vegetación en los márgenes de la historia oficial.

“Cantan al hablar” es un relato que reconcilia: con la música, con el lenguaje, con la ciudad, con los recuerdos. Y, quizá, con uno mismo. Porque si algo queda claro al cerrar el libro es que necesitamos más voces como la de Zoila Vega Salvatierra. Y más pianos que nos recuerden que en el silencio también hay historia.

 

Zoila Vega Salvatierra (Arequipa, 1973) es violinista, directora de orquesta y musicóloga, con estudios en música surperuana de los siglos XVIII al XX. Catedrática de investigación musical en la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa y docente en la maestría de musicología de la Pontificia Universidad Católica del Perú. PdC.

Escrito por B. Del Ángel.

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