El periodo de verificación había culminado hace 15 días; y Enrique, un poco por falta de tiempo y otro tanto por desidia, no había llevado su Cherokee a verificar. Le urgía hacerlo porque no quería que lo pararan y mucho menos que le sacaran “una mordida”.

Preocupado, se hacía el firme propósito de levantarse temprano al día siguiente para cumplir con ese requisito, pero no fue así. Cuando transitaba en su camioneta por Eje Central Lázaro Cárdenas y Vertiz, unos policías lo detuvieron y “educadamente” lo interrogaron al respecto.

Durante las “negociaciones” los patrulleros lograron sacarle 500 pesos, ya que según Enrique, era lo único que traía:

—No mi jefe, no me dejen sin nada, siquiera la mitad; a lo mejor más adelante me encuentro a sus compañeros y también me van a pedir, no voy a tener más dinero para darles.

—No se preocupe —le contestó— usted sólo dígales “ROJO 2” y con eso lo dejan pasar, yo ahorita voceo el número de su placa para que ya no le pidan nada.

Confiado, Enrique siguió el tránsito rumbo a su casa; unas calles adelante se encontró a otros patrulleros quienes lo detuvieron nuevamente. Atendiendo indicaciones y recordando las palabras clave, Enrique muy seguro les soltó a bocajarro:

—Rojo 2

—¿Qué es eso…rojo 2?

—Sus compañeros que están unas calles atrás me dijeron que si ustedes me paraban que les dijera rojo 2

—Qué rojo 2…ni que nada… ¡Bájese!…rojo 2…rojo2…jajajaja.

Ahora ya lo sabes para que no te pase. PdC/AVA.

Foto de Andre Moura.

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