J.J. Perry nos presenta su “Cazadores del fin del mundo”, un pastiche de acción post-apocalíptica que se siente más como un ejercicio de supervivencia para el espectador que para sus personajes. “Cazadores del fin del mundo” sigue a Jake (Dave Bautista), un cazatesoros superviviente que cruza una Europa devastada por catástrofes solares y gobernada por tiranos de saldo, para robar la Mona Lisa.
Desde el primer minuto, uno entiende por qué el protagonista repite: “Esto es mala idea.” Spoiler: él no está equivocado.
Dave Bautista, con su físico imponente y cara de piedra, interpreta al héroe renuente que más parece un muñeco de acción con voz en off. Su química con Olga Kurylenko, la guerrera francesa que lo acompaña, es tan plana como los paisajes de digitales CGI que atraviesan, y sólo Samuel L. Jackson logra levantar la película con breves apariciones, convirtiendo cada línea mala en un destello de carisma. Por lo demás, el guion de Matt Johnson y Nimród Antal se despliega como una lista de clichés: persecuciones, disparos exagerados, explosiones de videojuego y villanos con sobreactuación al borde de lo ridículo.
“Cazadores del fin del mundo” es un desastre autocomplaciente: Jake entrega un Stradivarius, recibe la misión imposible de robar la Mona Lisa, y se lanza a Francia, donde el general Volkov (Kristofer Hivju) gobierna con ojos saltones y uniformes de inspiración nazi mientras sus ciudadanos cuelgan banderas con una V gigante. Todo es un festival de exageraciones, desde origamis estratégicos hasta saltos de autos que recuerdan a Los duques de Hazzard, pasando por mapas que muestran su recorrido en diminutos autos animados. “Cazadores del fin del mundo” se toma en serio, pero es imposible no reír ante su lógica absurda.
La ambientación post-apocalíptica filmada en Eslovaquia ofrece un paisaje creíble, aunque la dirección de J.J. Perry, ex especialista de acción, prioriza la acción sobre la narrativa, dejando el mundo vacío de contexto. Las referencias visuales van desde Mad Max hasta trajes de espionaje de los años 40, creando un collage estético incoherente que refleja el caos de la película. Incluso los giros de trama, como la inclusión de un piloto que aparece de la nada con un buggy, parecen inventados sobre la marcha.
“Cazadores del fin del mundo” pretende ser una mezcla de Mad Max y National Treasure, pero falla al intentar equilibrar espectáculo y coherencia. Los personajes principales no emocionan, los villanos son caricaturas, y la historia es un desfile de clichés reciclados.
Dave Bautista hace lo que puede, Olga Kurylenko cumple, y Samuel L. Jackson se roba las pocas escenas que valen la pena, pero nada logra salvar un conjunto que parece un borrador de película de acción de bajo presupuesto que alguien decidió filmar a tontas y a locas.
Al final, lo único que se puede afirmar con certeza es que el título “Cazadores del fin del mundo” crea en el espectador el deseo de que ese mundo termine ya.
Una película que promete adrenalina y hallazgos épicos termina siendo una sucesión de diálogos ridículos, persecuciones exageradas y una sensación constante de “¿ya terminó?” Una experiencia que se olvida antes de salir de la sala. Prescindible total. PdC.
Crítica de Antelmo Villa.
