Durante años hemos escuchado que hay grasas “buenas” y grasas “malas”, pero cuando aparecen nombres como omega-3 u omega-6 es fácil confundirse. Incluso hay quienes creen que los omega-6 pueden ser perjudiciales para el corazón. ¿Será cierto?
La buena noticia es que no todas las grasas son iguales y los ácidos grasos omega-6 forman parte de las llamadas grasas poliinsaturadas, consideradas saludables cuando se consumen como parte de una alimentación equilibrada.
Diversas investigaciones indican que, lejos de aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, los omega-6 pueden contribuir a cuidar la salud del corazón, especialmente cuando sustituyen a las grasas saturadas presentes en alimentos como mantequilla, carnes con alto contenido de grasa, productos lácteos enteros y algunos productos de panadería.
¿Por qué son importantes?
Nuestro organismo es capaz de producir muchos de los ácidos grasos que necesita para funcionar correctamente. Sin embargo, hay uno que no puede fabricar: el ácido linoleico, un tipo de omega-6 considerado esencial.
Como el cuerpo no lo produce por sí solo, es necesario obtenerlo a través de la alimentación.
¿Dónde encontramos los omega-6?
Incorporarlos a la dieta es más sencillo de lo que parece. Están presentes en alimentos de consumo cotidiano como:
- Aceites vegetales, entre ellos los de maíz y soya.
- Nueces.
- Huevos.
Consumidos con moderación, estos alimentos pueden formar parte de una alimentación saludable.
¿Y qué pasa con la inflamación?
Uno de los motivos por los que los omega-6 han generado debate es porque algunos ácidos grasos participan en procesos relacionados con la inflamación, un factor que puede influir en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.
Sin embargo, los especialistas señalan que el efecto depende del equilibrio de la alimentación. Cuando los omega-6 se consumen junto con otras grasas saludables, especialmente los omega-3, el resultado puede ser beneficioso para el organismo.
El equilibrio hace la diferencia
Los omega-3 también son aliados del corazón y se encuentran principalmente en pescados como el salmón, las sardinas y la caballa, además de otros alimentos de origen marino.
Por ello, más que eliminar los omega-6, la recomendación es mantener una dieta variada que incluya ambos tipos de grasas saludables y limitar el consumo de grasas saturadas.
Pequeños cambios, como cocinar con aceites vegetales en lugar de mantequilla o incluir un puñado de nueces como colación, pueden formar parte de una alimentación que contribuya al cuidado del corazón.
Al final, no se trata de etiquetar un alimento como “bueno” o “malo”, sino de encontrar el equilibrio. Como ocurre con muchas cosas en la vida, la salud también se construye con pequeñas decisiones que, día a día, hacen la diferencia. PdC.
Con información de Mayo Clinic.
