Turismo

¿A qué sabe México?

¿A qué sabe México?, México sabe a mar, a fuego, a mole, a especias, a café, a cacao, a tasajo; sabe a mezcal, a maíz, a tequila, a insectos, a pozole; sabe a fiesta, sabe a jolgorio. Viajar por nuestro país es un festín que nadie debe perderse, porque para conocer realmente el alma de cada uno de nuestros pueblos no basta con caminar sus calles o fotografiar sus monumentos; hay que sentarse a su mesa y saborearla.

Creemos que en nuestro país, como en muchos otros, el turismo y la gastronomía son un mismo lenguaje. Porque díganme si no, viajar por nuestro país es, en esencia, un peregrinaje de sabores donde cada paisaje tiene su propio aroma.

Cada camino, cada ruta de México no solo es mágico, también es de sabor, sazón y olores.

Como ejemplo les ponemos a los clásicos del norte y el centro; ir a Monterrey, Nuevo León es imposible admirar la imponente silueta del “Cerro de la Silla” sin que el apetito se despierte con el olor a humo, a leña, a cabrito, porque ir a la “Sultana del Norte” y no comer cabrito es, para muchos, un viaje incompleto.

Y qué me dicen de Puebla, una ciudad que exhala historia en cada azulejo de su centro histórico y tras visitar su imponente catedral, el cuerpo exige un “mole poblano”; y para el postre la tradición manda: un vasito de “rompope” y una colorida variedad de dulces regionales, desde tortitas de Santa Clara hasta camotes.

Delicias del Sur y el Sureste

Mérida, conocida como la tierra del Mayab ofrece un misticismo único. Después de recorrer las zonas arqueológicas como Uxmal o Chichén Itzá, el festín sagrado es la cochinita pibil, cocinada bajo tierra y acompañada de sus inseparables cebollitas moradas con chile habanero.

Oaxaca, quizás el corazón gastronómico del país. Quien camina por el Templo de Santo Domingo o las ruinas de Monte Albán, debe recompensar la caminata con una “tlayuda” con tasajo, un festín de siete moles o, para los más valientes, unos crujientes “chapulines”.

El Sabor de la Costa y el Pacífico

En Veracruz, no hay mañana completa en su Puerto sin el aroma de un café de grano recién colado, ideal para contemplar el mar. Y si de comida se trata, el “Vuelve a la vida” o un “pescado a la veracruzana” son el reflejo líquido de la alegría jarocha.

Guadalajara, Jalisco, entre el sonido del mariachi y la arquitectura del Hospicio Cabañas”, surge la necesidad de una “torta ahogada” sumergida en su salsa de chile de árbol, o una reconfortante birria de chivo. Todo, por supuesto, escoltado por un buen Tequila de la región.

Otros Destinos Imprescindibles

Pachuca, Hidalgo con sus Prismas Basálticos en donde los pastes no pueden faltar, ya sea el minero o de dulce; en Morelia, Michoacán, luego de recorrer el Acueducto de Cantera Rosa, qué tal unos tacos de “Carnitas” o unas Corundas.

En Ensenada, Baja California, los tacos de pescado y vino nacional; y en Zacatecas, el “Asado de Bodas”.

Y así nos podemos ir por cada región, por cada pueblo, por cada comunidad, por cada camino de nuestro hermoso país. Estamos seguros que en cada rincón siempre encontraremos un platillo que conocer y que saborear, porque cada bocado es una pieza de historia que sobrevive al paso del tiempo.

Tan importante es la comida regional que la gastronomía mexicana es ya Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Cada bocado es una pieza de historia que sobrevive al paso del tiempo.

Aquí te presentamos una ruta por esos maridajes perfectos entre geografía y sazón que todo viajero debe experimentar.

En pocas palabras, México no se visita, se degusta. La próxima vez que planees una escapada, recuerda que el destino no solo se elige por su clima o sus museos, sino por aquello que te hará decir: “Solo por esto, valió la pena el viaje”. PdC.

Foto de César O’neill.

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