Miscelánea

Llamativos y divertidos, pero antiecológicos

Esperamos que todos se hayan portado bien y les haya llegado lo que pidieron a los Reyes Magos, pero sobre todo esperamos que la “cartita” NO la hayan enviado con un globo. Sí, sí, se han de preguntar por qué.

Pues resulta que esta inocente acción de enviar nuestros deseos mediante un globo 🎈 🎈 provoca grandes impactos al medio ambiente, pero más a la flora y a la fauna.

Durante muchos años cada 5 de enero los niños dejaban esas cartas dentro de su zapato, debajo de la cama o en el Árbol de Navidad, pero desde hace unas décadas esa manera se terminó y se adoptó la costumbre de enviar la carta enganchada a los globos que se sueltan con hilos y otros plásticos que acaban por contaminar.

Aunque la acción es divertida, los ambientalistas la califican como antiecológica pues de acuerdo a un artículo de la revista Nature, citado por el portal ecocosas, las aves marinas tienen 32 veces más probabilidad de morir por ingerir un globo que por comerse otro tipo de plástico duro como las piezas de LEGO o un popote.

Explica que aunque los globos representan sólo el dos por ciento de todos los plásticos ingeridos por las aves marinas, son responsables del 42 por ciento de las muertes relacionadas con el plástico.

Los globos dañan enormemente al medio ambiente y a la biodiversidad porque están hechos de poliuretano, polímeros sintéticos, como el teraftalato de polietileno (PET), de microfoil o poliamida, o de látex. Pero no sólo por eso, sino también porque contienen químicos.

De mayor ligereza, los globos de poliamida, microfoil, mylar o metálicos, que son de brillantes colores y formas, se pueden inflar con aire, pero lo más común es que se inflen con helio, para lo cual tienen una válvula.

Así se pueden desplazar hasta tres mil kilómetros en un día, por lo que alcanzan a cruzar océanos o continentes, se elevan sobre las montañas y quedan atrapados en los altos follajes de los árboles de selvas o bosques.

Se calcula que un globo pueden elevarse hasta 10 kilómetros, pero ¿qué pasa después, desaparecen así nada más, mágicamente pierden en el cielo?

Diferentes estudiosos han registrado lo que sucede antes y después de ser lanzados por los aires.

*El color, textura, resistencia y durabilidad que los fabricantes le dan a los globos de poliuretano, PET o látex u otros materiales, los aportan productos químicos como el amoniaco, el tiuram y el óxido de zinc.

*Un globo de poliuretano tarda 450 años en degradarse y uno de látex de tres a cinco meses, o años si caen en el agua, pero al contener químicos dañan con ellos suelos o agua, y un globo metálico estará más tiempo inflado y tardará en consecuencia más tiempo en degradarse.

*Si bien en pocos segundos desaparecen de nuestra vista cuando los soltamos, los globos caen hasta miles de kilómetros de distancia después e impactan los ecosistemas y la biodiversidad, principalmente a la fauna.

Además, estos artefactos pueden obstaculizar la ruta de vuelo de las aves, y sus patas u otras partes del cuerpo suelen enredarse en los hilos con que los globos se sujetan, sobre todo cuando caen sobre los árboles.

*Si llegan a los suelos, estos reciben los tóxicos que liberan los globos durante el tiempo que tardan en degradarse, incluso los de caucho, que son los más inocuos, y al descomponerse en micropartículas permean la superficie y se infiltran hasta llegar al mar.

*Por ser mayor la capa de agua que cubre el planeta, es muy factible que los globos caigan en alguna laguna, lago, río o mar, donde peces, tortugas o mamíferos acuáticos los engullen al confundirlos con algas, medusas, peces u otros alimentos, y esos especímenes mueren asfixiados, o por inanición, porque se obstruye su tracto digestivo.

Lo que concluyen estos estudios es que los globos no son el medio idóneo para que las cartas lleguen a los Reyes Magos o a Santa Claus.

Ahora que ya conoces todos los daños que causan, para la próxima mejor recurre a la vieja costumbre de dejar la carta en tus zapatos 👠 👟  bien “boleados”, en el calcetín, en la chimenea, debajo de la cama o en el arbolito de Navidad.

De esta forma cuidaremos y conservaremos a las especies de la biodiversidad marina o terrestre y evitaremos también para ellas una muerte dolorosa. PdC.

 Foto de Tirachard Kumtanom.

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