*Lo que tu empleo le hace a tu estómago
¿Alguna vez te has puesto a pensar que tu trabajo no solo decide cuánto ganas, sino también qué tan frío te comes el lonche o si terminas gastándote media quincena en tacos de la esquina?
Hace poco se armó una plática muy interesante en la UNAM con una investigadora llamada Tiana Bakić. Ella se puso a revisar cómo comemos los mexicanos según nuestro oficio, y la verdad es que nos dejó pensando.
Para empezar, México es de los países donde más se trabaja en todo el mundo. Si a eso le sumas que más de la mitad de nosotros nos aventamos entre media hora y dos horas de puro tráfico para llegar al trabajo, la realidad es que vivimos fuera de casa.
Así que comer “en la calle” no es un lujo, es una necesidad de supervivencia.
El estudio comparó varios trabajos y las diferencias son abismales:
Los albañiles y la bendita hora del almuerzo: Ellos ganan unos 7 mil pesos al mes y, aunque su labor es pesada e informal, tienen algo hermoso: comunidad. Cuando llega su hora, se junta toda la banda, comparten los guisados, cooperan para las tortillas, el refresco y arman el convivio. Su hora de comida es un momento feliz y social.
Las trabajadoras del hogar y el comer “bajo la lupa”: El lado triste se lo llevan muchas mujeres que trabajan en casas. Ganando unos 4,100 al mes, muchas veces tienen que desayunar o comer ahí mismo, pero con la condición de “comerse lo que sobre” de la familia. Para evitar momentos incómodos o apurarse para regresar temprano a sus casas, muchas prefieren saltarse comidas.
Los transportistas y la soledad del volante: Taxistas, choferes de autobús o repartidores la tienen difícil. Pasan todo el día manejando y les toca comer completamente solos, rápido y donde se pueda. Eso, a la larga, les deja una sensación horrible de insatisfacción.
El dolor de cabeza de comer fuera ¿Y el bolsillo? La investigación dice que comer diario en la calle (el cafecito, la torta, los tacos o la comida corrida) sale en unos 150 o 200 pesos al día. Si echas cuentas, la gente se está gastando entre el 20% y el 30% de lo que gana en un solo día nada más para poder comer. ¡Es un montón!
Al final, la conclusión es que el trabajo no solo nos da estrés, sino que decide si tu hora de comida va a ser un momento para compartir con amigos o un ratito de soledad y presiones.
Y en tu mesa, ¿cómo se vive el día a día? ¿Te toca armar el convivio con la banda del trabajo o eres de los que come solo frente a la compu o al volante? Y lo más importante… ¿cuánto se te va al día en el cafecito, la torta o los tacos? 💸 PdC.
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Fuente: Comunicado de prensa de la UNAM. Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM, sobre la conferencia dictada por la investigadora Tiana Bakić Hayden.
Foto de Sam Lion en Pexels.
