A ver, te hago una pregunta de esas que surgen en una plática de café: ¿cuánta sal crees que consumes en un día?
Y no, no hablamos solamente de la que le pones al plato con el salero. También está escondida en muchos de los alimentos ultraprocesados que forman parte de nuestra alimentación cotidiana.
Pues resulta que nuestros riñones tienen mucho que ver con todo esto.
La investigadora María Chávez Canales, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, advierte que una alimentación con alto consumo de alimentos ultraprocesados puede aumentar la cantidad de sodio que almacenamos en el organismo.
Y si a esto le sumamos un bajo consumo de alimentos ricos en potasio, como frutas y verduras, el equilibrio que necesitan nuestros riñones puede verse afectado.
¿Y qué tiene que ver el potasio con la sal?
Mucho más de lo que imaginamos.
De acuerdo con la especialista, un mayor consumo de potasio favorece que los riñones eliminen sodio a través de la orina. Cuando existe un desequilibrio entre ambos, puede favorecerse la retención de sal y aumentar la presión arterial.
Y aquí vale la pena detenernos un momento para hablar de esos dos pequeños órganos que trabajan prácticamente sin descanso.
Nuestros riñones trabajan todo el día
Increíble, 24/7, pues los riñones son una especie de grandes filtros del organismo. Cada día generan alrededor de 180 litros de filtrado, pero tranquilos, no significa que orinemos esa cantidad. 😂
La mayor parte del agua y de las sustancias que nuestro cuerpo necesita se recupera durante el proceso y, finalmente, solamente entre uno y dos litros se convierten en orina.
Además, los riñones ayudan a mantener el equilibrio de sustancias como sodio, potasio y calcio, y eliminan productos de desecho, agua y sales que nuestro organismo ya no necesita.
Por eso, cuando hablamos de cuidar los riñones, no se trata únicamente de pensar en tomar agua.
También importa qué comemos y cuánto sodio estamos consumiendo.
El problema es que los riñones no siempre avisan
Y aquí aparece uno de los mayores problemas.
La enfermedad renal puede avanzar sin presentar síntomas durante mucho tiempo y, en muchas ocasiones, se descubre cuando ya está bastante avanzada.
La especialista explica que las nefronas, que son las unidades funcionales del riñón, no se regeneran. Es decir, cuando las vamos perdiendo por la edad, algunas enfermedades o determinados hábitos, no podemos simplemente hacer que vuelvan a aparecer.
Entre las principales causas de daño renal se encuentran la diabetes y la hipertensión arterial. También pueden influir el síndrome metabólico y episodios de deshidratación severa.
Y aquí aparece un círculo que conviene conocer.
Si consumimos demasiada sal y los riñones no logran eliminarla adecuadamente, podemos acumular sodio, lo que favorece el aumento de la presión arterial. Y la hipertensión, a su vez, puede ir dañando progresivamente los riñones.
Un problema puede terminar alimentando al otro.
Y cuidado con automedicarnos
Otro punto que señala la investigadora es el uso inadecuado de algunas sustancias que pueden resultar dañinas para los riñones, entre ellas ciertos antiinflamatorios no esteroideos y algunos suplementos o productos herbolarios y naturistas cuando se utilizan sin supervisión.
Porque que algo diga “natural” en la etiqueta no significa automáticamente que sea inocuo.
Mientras nosotros seguimos con nuestra vida cotidiana, nuestros riñones continúan haciendo su trabajo silenciosamente.
Precisamente por eso, la investigación científica busca entender mejor cómo funcionan.
María Chávez Canales y su equipo estudian cómo el riñón elimina sal y potasio y cómo el aumento de potasio puede favorecer también una mayor eliminación de sodio por la orina.
Además, investigan proteínas que pueden detectar cambios en la concentración de determinados iones y activar mecanismos que permiten el intercambio de sodio, potasio y cloro dentro y fuera de las células.
Suena muy científico —y lo es—, pero detrás de todo esto hay una pregunta bastante sencilla:
¿Cómo podemos entender mejor a nuestros riñones para ayudarlos a trabajar bien durante más tiempo?
Quizá la próxima vez que tengamos el salero en la mano valga la pena pensarlo dos veces.
No se trata de vivir contando cada granito de sal ni de entrar en pánico. Se trata, más bien, de poner atención a lo que comemos, moderar el consumo de ultraprocesados y cuidar nuestra salud antes de que nuestro cuerpo tenga que pedirnos ayuda a gritos.
Porque con los riñones pasa algo muy particular: cuando hacen bien su trabajo, casi ni nos acordamos de ellos. Y justamente por eso, hay que cuidarlos antes de que nos demos cuenta de que algo no anda bien. PdC.
