Ciencia y Tecnología

Gen Shank3: La pieza que investiga la UNAM para mejorar el día a día de personas con TEA

Investigadores del Instituto de Fisiología Celular analizan el gen Shank3 y el procesamiento sensorial para desarrollar intervenciones que mejoren la calidad de vida de las personas con TEA.

En los laboratorios del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, el futuro del autismo se escribe a nivel molecular. Mientras México navega a ciegas sin estadísticas claras sobre el TEA, un equipo de científicos liderado por la doctora Violeta López Huerta ha puesto la mira en un protagonista microscópico: el gen Shank3.

Esta pequeña pieza del rompecabezas genético podría ser la llave para “reconectar” los sentidos de miles de personas, transformando el aislamiento sensorial en una nueva oportunidad de comunicación y calidad de vida.

Ante la falta de cifras oficiales y precisas sobre la prevalencia del Trastorno del Espectro Autista (TEA) en México, especialistas de la UNAM estiman que la condición afecta al uno por ciento de la población nacional, siguiendo las tendencias globales.

Así lo señaló la doctora Violeta Gisselle López Huerta, investigadora del Instituto de Fisiología Celular (IFC), durante su participación en el “Simposio Divergencia: Ciencia y Realidad del Autismo”.

La experta explicó que, ante el vacío estadístico, se toman como referencia estudios internacionales, como los de Estados Unidos, donde se registra que uno de cada 36 niños presenta síntomas de TEA, lo que sugiere un incremento en el número de casos a nivel mundial.

La clave está en los genes y la sensibilidad

López Huerta, quien lidera el Laboratorio de Circuitos Neuronales en Desarrollo, detalló que su equipo científico investiga actualmente el comportamiento del gen Shank3. El estudio se centra en cómo la baja comunicación entre neuronas dedicadas al procesamiento sensorial influye en el desarrollo del trastorno.

“El 95 por ciento de los pacientes tiene problemas en el ámbito sensorial”, aclaró la investigadora. Este enfoque es crucial, ya que el procesamiento de los sentidos es la base para funciones cognitivas más complejas, como el lenguaje y la comunicación social. Actualmente, el IFC realiza pruebas en modelos de laboratorio para observar cómo reaccionan los receptores neuronales ante fármacos que estimulan la respuesta sensorial.

Hacia un diagnóstico temprano y empático

Durante el evento, organizado por las facultades de Medicina (FM) y de Ciencias (FC), se subrayó que las características principales del TEA incluyen el déficit en la interacción social y patrones de comportamiento repetitivos.

Por su parte, la académica Elizabeth Ibarra Coronado enfatizó que el mayor desafío actual es el diagnóstico temprano. Señaló que es imperativo cerrar la brecha entre la ciencia y la sociedad para ofrecer terapias que mitiguen la sintomatología de manera oportuna.

Finalmente, Julieta Garduño Torres, jefa del Departamento de Fisiología de la FM, recordó que el rigor científico debe ir de la mano con la ética y el sentido humano. “Nada se impone a la empatía”, afirmó, instando a la comunidad médica y académica a respetar siempre la dignidad de las personas con TEA en cada proceso de investigación. PdC.

Foto de Merlin Lightpainting.

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