Luc Besson vuelve, pero más como un fantasma del cine que como el director que alguna vez nos voló la cabeza con Léon o El Quinto Elemento. Tras el descalabro multimillonario de Valerian y unos cuantos tropiezos personales y profesionales, el cineasta francés se agarra de lo mínimo para contar lo que pretende ser una historia de amor al borde de la cordura.
“June & John” es su más reciente intento: una película rodada con un smartphone, con dos actores poco conocidos y con una idea que, en teoría, quiere ser libre, ligera y conmovedora. En la práctica, sin embargo, es una extraña mezcla de mal poema, ensayo fallido y road trip sin brújula.
“June & John” arranca con John (Luke Stanton Eddy), un oficinista apagado que vive entre rutinas, medicamentos y la sombra de una vida que no despega. Vive en Los Ángeles, pero su mundo es gris. Todo se le viene abajo en un solo día: problemas en el trabajo, el coche remolcado, la app de citas que lo da por perdido… hasta que aparece June (Matilda Price), una chica con aura de hada urbana y un perfil en redes sociales que grita “peligro”. A partir de ahí, todo se convierte en una especie de huida hacia ninguna parte. Ella tiene 72 horas de vida (o eso dice), aparece en la oficina de John con una pistola, roba dinero, humilla al jefe de su nuevo novio y lo arrastra al desierto californiano en plan Bonnie & Clyde meets TikTok.
Luc Besson intenta capturar el caos con un estilo “naturalista” (entiéndase: sin luces, sin encuadres cuidados, todo con el móvil), buscando una espontaneidad que nunca llega. El guion, escrito por él mismo, es un desastre que quiere ser profundo pero apenas roza lo absurdo. June, con su energía desbordada, suelta monólogos sobre delfines, abraza árboles, rompe casas ajenas, y se acuesta con John en una tienda de campaña de un vagabundo, como si todo formara parte de una fábula millennial. Pero no hay magia, no hay poesía, y la comedia —si es que la había— se diluye en diálogos risibles y situaciones que más que surrealistas, son simplemente torpes.
El mayor problema es que “June & John” quiere ser muchas cosas: crítica al sistema, cuento de hadas moderno, historia de redención, retrato de la salud mental, y homenaje a la espontaneidad del amor joven. No consigue nada de eso. Hay una tristeza profunda que apenas se insinúa, y un vacío emocional que ni el sol de Nevada logra calentar. Lo que debería sentirse como una historia vibrante de amor contracorriente, se convierte en un desfile de ideas mal cocinadas, sin rumbo ni impacto.
Luc Besson quiere que esta sea su película más íntima. Lo es, en el sentido de que parece hecha sin supervisión, sin filtros y sin nadie que le diga: “Luc, esto no tiene sentido”. “June & John” no es indie, no es arte, no es revolución estética. Es un desvarío disfrazado de experimento. Y ni con toda la luz del desierto logra brillar. Una pena. Prescindible. PdC.
Crítica de Antelmo Villa.
