*El impacto invisible de nuestra comida
Ayer iba caminando por la calle y me quedé helada al ver cuánta agua se tiraba, así, sin más, para lavar la banqueta. De inmediato me vino a la mente una nota que escribí hace tiempo y me di cuenta, con un nudo en el estómago, de que es un tema que desafortunadamente no pierde vigencia.
Nos parece impensable que el agua pueda acabarse, pero la falta de este recurso para nuestras necesidades más básicas ya es una realidad que nos golpea.
Hoy, con nuestra taza de café en la mano, quiero invitarte a platicar de un agua que no vemos: la que se necesita para producir todo lo que comemos. Porque el desperdicio no solo está en la manguera que limpia la calle, también está en la comida que dejamos enfriar y tiramos a la basura.
Quédate conmigo, vamos a platicar de un concepto que nos va a cambiar la forma de ver nuestro plato, y de cómo México busca soluciones urgentes para reutilizar cada gota. ¡Acompáñame!
Cuando pensamos en cuidar el agua, casi siempre nos enfocamos en cerrar la llave al bañarnos, lavarnos los dientes o lavar el coche. Sin embargo, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural nos recuerda que el agua es el motor oculto de todo lo que consumimos diariamente.
No solo se usa para regar; se necesita en toda la cadena productiva, desde que se siembra la semilla hasta que el alimento llega a nuestra mesa.
De hecho, en nuestro país, el 77 por ciento del agua dulce disponible se destina al riego agrícola. Para medir este impacto invisible existe un término llamado “huella hídrica”. Es como un termómetro que calcula todo el volumen de agua dulce que se gasta, directa e indirectamente, para fabricar un producto o alimento.
El costo real de lo que nos llevamos a la boca
¿Te has preguntado cuánta agua cuesta tu comida? Las cifras son verdaderamente impactantes:
- 1 manzana (100g): 70 litros de agua.
- 1 huevo (40g): 135 litros de agua.
- Maíz (kilo): 450 litros de agua.
- 1 jarra de café: 840 litros de agua.
- Arroz (kilo): 1,700 litros de agua.
- 1 kilo de carne de res: ¡15,000 litros de agua!
Cada vez que dejamos comida en el plato y permitimos que se eche a perder, no solo estamos tirando alimentos: estamos vaciando miles de litros de agua potable a la basura. El ahorro real también empieza a la hora de comer.
El reto de México en 2026: aprender a reutilizar
El panorama es retador, pero las soluciones están en marcha. Recientemente, en septiembre de este 2026, se inauguró el foro “Hacia un Marco Jurídico para un Reúso del Agua Inclusivo y Sustentable” en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
Durante el encuentro, Ileana Villalobos Estrada, subsecretaria de Regulación Ambiental de la SEMARNAT, fue muy clara: el agua que utilizamos no tiene por qué usarse una sola vez.
Sin embargo, para que el tratamiento y la reutilización de las aguas residuales funcionen de forma segura y responsable, México necesita crear mejores leyes, invertir en infraestructura y aprovechar la tecnología moderna.
La clave, señaló la funcionaria, está en escuchar a todos los sectores: desde los agricultores que trabajan el campo y producen nuestros alimentos, hasta los científicos que aportan su conocimiento técnico para asegurar la salud de las personas y del medio ambiente. PdC.
Al final, nos queda claro que enfrentar la crisis hídrica requiere un esfuerzo colectivo, que va desde las grandes leyes del país hasta las pequeñas decisiones en nuestro hogar.
No podemos seguir volteando la mirada ante el desperdicio. La próxima vez que veas una manzana en tu cocina o te sirvas de comer, acuérdate de los 70 litros de agua que costó verla nacer. Cuidar cada gota y cada bocado es, en realidad, asegurar que las futuras generaciones también tengan algo que llevarse a la boca.
Y tú, que compartes este café con nosotros: ¿conocías el concepto de huella hídrica? ¿Qué pequeñas acciones haces en casa para evitar que la comida y el agua se desperdicien? ¡Déjanos tu comentario aquí abajo, nos encanta abrir la conversación en Pláticas de Café! ☕
Foto de Moussa Idrissi.
