Hoy, como todos los días, salí a correr.
¡Zas!
Ahí estaban esparcidas.
Unas solitas. Otras elegantemente embolsadas en su “bolsita ecológica” verde… y tiradas entre los arbustos. Porque claro, si está en bolsa ya no contamina, ¿verdad?
Estuve a dos segundos de soltar todo mi repertorio de groserías. Pero me acordé de mi propósito: “ser positiva”.
Y entonces me dije: “pisa caca, dinero te espera”.
Me detuve. No pisé nada. Desilusión.
Pero bueno, pensé: si siempre me las encuentro, es que la riqueza ya viene en camino. Me quise quedar con esa ilusión. Al fin, ¿a quién le hago daño soñando?
Esto no es nimiedad. Es salud pública
Ya sé lo que están pensando: “¿Pláticas de Café hablando de popó? ¿No hay temas más importantes?”
Pues no. Porque el que tutores y “paseadores” NO recojan las heces SÍ es un tema importante. Es un tema de enfermedades.
Cuando el excremento se seca, se vuelve polvo. Ese polvo vuela.
Y cae. En tu taco de la esquina. En tu jugo verde “saludable”. En el carrito del súper. En los zapatos de tus hijos.
La defecación al aire libre, sea humana o de perro, es un caldo de cultivo.
Los números dan miedo
Ojo con esto porque no lo invento yo:
En México se generan más de 7 mil 800 toneladas de heces caninas al día. Cada día.
¿Y dónde van a parar? No hay una regulación clara para su disposición. La mayoría termina secándose en calles, parques y banquetas hasta convertirse en ese polvo del que hablábamos.
¿Y quién vive ahí? Según la Encuesta Nacional de Bienestar 2021, México tiene aproximadamente 43.8 millones de perros. Y 7 de cada 10 viven en la calle.
Súmale las heces de los perros “con casa” cuyos tutores no recogen. El cóctel está servido.
Lo que dicen los que saben
La UNAM ya lo advirtió en un comunicado: el mal manejo de excretas caninas implica riesgo para la salud humana y contaminación de agua, suelo y aire.
Hermenegildo Arcos Serrano y César González Guerrero, expertos en ingeniería ambiental de la UNAM, explican que al tirarlas al inodoro, a coladeras o dejarlas en la calle, estamos respirando y comiendo parásitos.
¿Quieres nombres? Ahí te van: Campylobacter, Salmonella, Yersinia, Escherichia coli. Y parásitos como Giardia y Toxocara canis.
La exposición a ese polvo está ligada a enfermedades gastrointestinales y del tracto respiratorio.
Bonito, ¿no?
El problema no es el perro. Eres tú
México es de los países con más perros en Latinoamérica. Y también el #1 en abandono.
Pero el perro callejero no eligió vivir así. El que tiene tutor y no recoge, sí eligió ser irresponsable.
Amar a tu perro es:
Bolsita siempre. Si hace, la levantas.
Agua para diluir la pipí. Sólo te lleva unos 30 segundos.
Educarlo. Enseñarle dónde sí.
Si no puedes con eso, no lo saques. O mejor, no tengas.
CDMX y todo México no es el baño de tu lomito.
Así que ya sabes. La próxima vez que veas una “mina” en el camino, no es señal de riqueza. Es señal de que a alguien le vale. PdC.
Foto de Felipe Marcó.
