Sentirse Bien Verse Bien

Sonríe sin que se note…

Hay cosas que uno quiere cambiar, pero sin que todo el mundo se dé cuenta mientras ocurre el cambio. Y cuando hablamos de los dientes, quizá esta frase tenga bastante sentido.

Porque si hace algunos años pensar en ortodoncia era imaginar brackets metálicos, alambres y esa sensación de que nuestra sonrisa se había convertido en una pequeña obra de ingeniería, hoy existen alternativas mucho más discretas.

Una de ellas es la ortodoncia invisible, una opción que ha ganado terreno entre quienes buscan corregir la posición de sus dientes sin llevar aparatos tan visibles.

La Dra. Marinell Gull explica que este tipo de tratamiento puede alcanzar objetivos funcionales similares a los de la ortodoncia convencional, pero con una experiencia más discreta para el paciente.

Y aquí aparece la palabra que parece estar detrás de todo: personalización.

Cada sonrisa tiene su propio plan

Dentro de la llamada ortodoncia invisible, una de las alternativas más conocidas son los alineadores transparentes.

Se trata de férulas fabricadas a la medida de cada paciente. Para diseñarlas pueden utilizarse escaneos digitales y planificación en 3D, herramientas que permiten establecer cómo deberá moverse cada diente a lo largo del tratamiento.

La idea es sencilla de explicar: en lugar de colocar un aparato fijo y dejar que haga su trabajo durante meses, se utilizan diferentes alineadores que van guiando gradualmente los dientes hacia la posición prevista.

“Cada paciente recibe una serie de alineadores diseñados específicamente para mover sus dientes de forma gradual y controlada”, señala la Dra. Gull.

Y hay otro detalle que para muchos resulta bastante atractivo: son removibles.

Eso permite retirarlos para comer y realizar la higiene bucal, algo que puede facilitar las rutinas cotidianas durante el tratamiento.

¿Y dónde quedaron los brackets?

No se han ido. La ortodoncia tradicional sigue siendo una alternativa ampliamente utilizada.

La diferencia es que ahora existen más opciones para quienes prefieren un tratamiento menos visible.

Además de los alineadores transparentes, están los brackets linguales, que se colocan en la parte interna de los dientes, por lo que prácticamente no se ven al sonreír.

Los alineadores, por su parte, al no utilizar piezas metálicas, pueden disminuir algunas de las molestias relacionadas con el roce de los brackets externos con labios y mejillas.

Eso sí: que un tratamiento sea “invisible” no significa que sea automáticamente el adecuado para todas las personas. La alternativa depende de las características de cada caso y debe determinarse mediante una valoración profesional.

Una sonrisa también es parte del tratamiento

Quizá por eso la estética se ha convertido en un factor importante al momento de elegir un tratamiento de ortodoncia.

No se trata únicamente de llegar al resultado final, sino de cómo se vive el camino para conseguirlo.

La Dra. Gull destaca que actualmente los pacientes también valoran su comodidad y la confianza con la que pueden desenvolverse durante el proceso, especialmente en etapas de la vida en las que la imagen personal tiene un peso importante.

Y es que, seamos sinceros, sonreír sin estar pensando todo el tiempo en los aparatos también puede hacer una diferencia.

¿Invisible? Sí. Mágica, no

La tecnología ha cambiado muchas cosas en la ortodoncia: escaneos digitales, planificación tridimensional y dispositivos personalizados permiten diseñar tratamientos cada vez más precisos.

Pero eso no significa que ponerse unos alineadores y olvidarse del asunto sea suficiente.

Como cualquier tratamiento de ortodoncia, requiere valoración profesional, seguimiento y constancia por parte del paciente.

Así que, si alguna vez pensaste que para corregir tu sonrisa necesariamente tendrías que pasar meses mostrando brackets metálicos, quizá valga la pena saber que hoy existen otras posibilidades.

Porque la ortodoncia también cambió con los tiempos.

Y ahora, mientras los dientes encuentran poco a poco su lugar, la sonrisa puede seguir siendo simplemente… una sonrisa. PdC.

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