*Para mirar más lejos en el universo, las naciones tienen que unir fuerzas
Hay cosas que parecen sacadas de una película de ciencia ficción.
Por ejemplo, construir un telescopio con un espejo de 38 metros de diámetro.
Sí, leíste bien: 38 metros.
Ahora imagina ponerlo frente a un estadio de futbol y pensar que ese tamaño no es el del telescopio completo, sino de la enorme estructura que será necesaria para protegerlo.
¿Y para qué queremos algo tan gigantesco?
Para mirar más lejos. Para descubrir qué hay en el universo. Para entender cómo nacen las estrellas, cómo se forman las galaxias y qué sucede en esos rincones del cosmos que todavía son un enorme misterio.
Pero aquí viene algo todavía más interesante: ningún país puede hacerlo todo solo.
El universo también se estudia en equipo
La astronomía moderna ya no consiste solamente en que una persona se siente frente a un telescopio, observe el cielo y tome algunas notas.
Hoy necesitamos tecnología extraordinariamente sofisticada, enormes cantidades de datos y equipos multidisciplinarios.
Y, sobre todo, necesitamos trabajar juntos.
El investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM, Joel Sánchez Bermúdez, explica que las misiones tanto en la Tierra como en el espacio son cada vez más costosas y complejas.
Por eso, la colaboración internacional se ha vuelto indispensable.
Y vaya que tenemos ejemplos.
Uno de ellos es el Telescopio Extremadamente Grande (ELT), que construye el Observatorio Europeo Austral en el desierto de Atacama, Chile.
Su espejo primario tendrá 38 metros de diámetro y será construido con la participación de una veintena de países.
La razón es muy sencilla: un proyecto de semejante magnitud requiere una infraestructura tecnológica que difícilmente podría ser asumida por una sola nación.
Así que sí: cuando hablamos de explorar el universo, también hablamos de aprender a trabajar en equipo.
Una cámara cada vez más potente
Ahora pensemos en algo más cotidiano.
Cuando tomamos una fotografía y hacemos zoom, algunas veces descubrimos detalles que no habíamos visto.
Bueno, algo parecido sucede con la astronomía.
Las nuevas misiones buscan observar fenómenos que ya conocemos, pero con una resolución mucho mayor, como si tuviéramos una cámara muchísimo más potente.
Un ejemplo es el Telescopio del Horizonte de Eventos, una red de telescopios que trabajan coordinadamente para estudiar los agujeros negros y obtener imágenes de sus sombras.
Y hay otra tarea fascinante: no solamente mirar una estrella o una galaxia, sino estudiar muchísimas al mismo tiempo.
Eso es lo que permite hacer, por ejemplo, la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea.
Al observar cientos de miles de estrellas podemos estudiar sus posiciones, movimientos y otras características, y obtener una visión mucho más completa de cómo está organizado nuestro vecindario galáctico.
Porque, a veces, para entender una historia no basta con conocer a un personaje.
Hay que mirar a todos los que forman parte de ella.
Y entonces llegó James Webb…
Si hablamos de mirar profundamente hacia el universo, no podemos dejar fuera al Telescopio Espacial James Webb.
Este extraordinario observatorio estudia el universo principalmente en luz infrarroja y nos permite observar objetos extremadamente lejanos.
Gracias a instrumentos como este hemos podido conocer galaxias que existieron cuando el universo era todavía muy joven.
Y aquí es donde la astronomía se vuelve casi una conversación con el pasado.
Porque cuando los científicos observan objetos que están a distancias enormes, la luz que reciben comenzó su viaje hace muchísimo tiempo.
En otras palabras: mirar muy lejos también significa mirar hacia atrás en la historia del universo.
La astronomía ya no es cosa de una sola profesión
Y hay algo más que quizá no imaginamos cuando pensamos en un astrónomo.
La astronomía moderna es una ciencia cada vez más multidisciplinaria.
Claro que están los astrónomos, quienes observan, estudian y analizan los datos.
Pero también están los ingenieros electrónicos, mecatrónicos, especialistas en control, óptica y muchas otras áreas que hacen posible construir los instrumentos con los que podremos observar aquello que está a millones o miles de millones de años luz.
Así que detrás de una imagen espectacular del universo hay muchísimo trabajo que no siempre vemos.
Hay ciencia.
Hay tecnología.
Hay ingeniería.
Hay enormes cantidades de datos.
Y hay personas de diferentes países trabajando hacia un mismo objetivo.
Para conocer el universo, primero aprendimos a colaborar
Quizá esa sea una de las partes más bonitas de esta historia.
El universo no pertenece a un solo país.
Y estudiarlo tampoco.
El Observatorio ALMA, también ubicado en el norte de Chile, es otro ejemplo de cooperación internacional. Sus 66 antenas son resultado del esfuerzo conjunto de instituciones de Europa, Estados Unidos y Japón.
Cada país aporta conocimientos, tecnología, recursos y talento.
Y entre todos construyen herramientas capaces de hacer algo que durante siglos parecía imposible: mirar cada vez más lejos.
Así que la próxima vez que veas una fotografía del espacio, quizá valga la pena detenerte un momento.
Porque detrás de esa imagen hay mucho más que estrellas.
Hay personas que imaginaron una pregunta, científicos que quisieron encontrar una respuesta, ingenieros que construyeron instrumentos extraordinarios y países que entendieron que, para alcanzar algo tan grande como el universo, también hay que aprender a trabajar juntos.
Y ahora sí, la pregunta de esta Plática de Café:
¿Te imaginas estar frente a un espejo de 38 metros de diámetro y pensar que, a través de él, estamos intentando descubrir los secretos del universo?
Yo creo que hasta el café se nos enfriaría de tanto mirar hacia arriba. PdC. ☕🌌
