* La Fundación CURA demuestra que una operación puede devolver salud, autoestima y nuevas oportunidades para toda una familia
Más allá del quirófano, hay historias de personas que recuperan su salud, su trabajo, su autoestima… y hasta transforman los hábitos de toda una familia.
Hay decisiones que duran unas cuantas horas. Y hay otras que cambian la vida para siempre.
Una cirugía suele verse como el final de un problema médico. Se entra al quirófano, se corrige una enfermedad y listo. Pero, ¿qué pasa después? ¿Qué ocurre cuando esa persona vuelve a caminar sin dolor, puede regresar a trabajar, necesita menos medicamentos o simplemente vuelve a sentirse bien consigo misma?
Para el cirujano Vicente Alarcón, ahí es donde realmente comienza la historia.
Mucho más que una operación
Hace más de dos décadas, el especialista decidió que sus conocimientos no podían quedarse únicamente en hospitales privados.
Después de formarse en cirugía de mínima invasión en Estados Unidos y especializarse en cirugía oncológica en Japón, comenzó a participar en campañas médicas en comunidades con poco acceso a servicios de salud.
Fue entonces cuando entendió algo que cambiaría también su manera de ejercer la medicina.
No todas las personas pueden darse el lujo de pasar semanas recuperándose de una cirugía. Para alguien que vive al día, dejar de trabajar significa dejar de llevar dinero a casa.
La diferencia entre una cirugía tradicional y una laparoscópica podía representar mucho más que una cicatriz más pequeña: significaba volver a generar ingresos en pocos días y evitar que toda una familia enfrentara una crisis económica.
De esa experiencia nació la Fundación CURA (Cirujanos Unidos Realizando Altruismo).
La salud también puede ser una oportunidad
Desde el año 2000, la fundación ha realizado más de 2,000 cirugías de alta especialidad a costos accesibles para personas con recursos limitados en distintas regiones del país.
Entre los procedimientos más frecuentes se encuentran cirugías de vesícula, hernias, bypass gástrico y manga gástrica, utilizando técnicas de mínima invasión que permiten una recuperación mucho más rápida.
Pero para el doctor Alarcón, el verdadero éxito nunca se mide por el número de operaciones.
Se mide por lo que ocurre semanas o meses después.
Cuando cambia una persona… cambia toda la familia
Uno de los casos donde este impacto es más evidente ocurre en pacientes con obesidad, diabetes o hipertensión.
Después de una cirugía y del acompañamiento médico, muchas personas comienzan a necesitar menos medicamentos, mejoran su alimentación, recuperan movilidad y vuelven a hacer actividades que habían dejado de disfrutar.
Pero lo más interesante sucede dentro de casa.
Existe un fenómeno conocido como “efecto halo”, que ocurre cuando los cambios saludables de una persona empiezan a contagiar a quienes viven con ella. Sin proponérselo, toda la familia comienza a comer mejor, cambia algunos hábitos y, en muchos casos, también mejora su salud.
Es decir, una sola decisión puede terminar beneficiando a varias personas.
Recuperar la salud… y también la confianza
Hay algo de lo que se habla poco cuando se trata de obesidad.
No solo afecta al cuerpo.
También puede afectar la autoestima, las relaciones personales, las oportunidades laborales e incluso la forma en que una persona se mira al espejo.
Por eso, el doctor Alarcón insiste en que atender a un paciente con obesidad no consiste únicamente en reducir kilos. Se trata de acompañar una historia completa y devolver oportunidades que muchas veces parecían perdidas.
La medicina que mira hacia el futuro
Hoy, además de continuar con su labor quirúrgica, Vicente Alarcón apuesta por una visión mucho más amplia de la salud.
Actualmente estudia una maestría en longevidad y envejecimiento en la Universidad de Barcelona, con la intención de impulsar una atención médica centrada en la prevención, la salud metabólica, la alimentación, el descanso, la actividad física y una mejor calidad de vida.
Porque vivir más años tiene sentido solo si también se viven mejor.
Al final, la historia de la Fundación CURA recuerda algo que con frecuencia olvidamos: la medicina no solo sirve para tratar enfermedades. También puede devolver independencia, tranquilidad, esperanza y nuevas oportunidades. Y cuando eso ocurre, el beneficio no termina en el paciente; alcanza a su familia, a su comunidad y, poco a poco, a toda la sociedad.
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Foto de Maria Turkmani.
