Por Bernat del Ángel.
Hay amores que empiezan como un tango y terminan como una canción de Arjona.
Triste, predecible y con rima pobre.
Y todo por culpa de los mitos que nos tragamos con cuchara grande, como si vinieran bendecidos por Disney o tu coach de pareja que aprendió psicología emocional en las redes.
A ver, vamos por partes, como aquel destripador inglés, pero con más estilo.
“Tú me completas”.
Vaya fórmula perfecta para crear una relación de mierda.
¿En serio? ¿Eso vamos a decir como si fuera romántico? A ver: si tú estás roto y yo también, ¿por qué carajos crees que sumarnos da como resultado algo completo? Eso no es amor, es carpintería emocional mal hecha.
Dos mitades no hacen un todo. Hacen una dependencia fea, tóxica y aburrida. Una relación no es una sala de urgencias ni un taller de reparación sentimental.
Uno debe llegar completo, entero, con las grietas soldadas y el alma peinada.
Lo demás es masoquismo con excusas.
“Debería ser fácil”.
¿Fácil? Fácil es comprar pan. Amar no.
Amar es difícil. Amar es sentarte con otro ser humano y aceptar que a veces ronca, a veces miente, a veces llora sin razón o se ríe cuando tú estás al borde del colapso.
Una relación que nunca pelea, que nunca discute, es una bomba de tiempo.
No discutir no es señal de amor, es señal de miedo. Y el miedo en pareja es como la humedad: empieza en una esquina y cuando te das cuenta ya se comió el techo.
Una relación sana sobrevive peleas, silencios, enojos.
Y si no puedes pelear sin querer matar al otro, entonces quizá no es amor, sino una guerra mal disfrazada.
“Puedes hacer que cambien”.
Ay, ternurita.
Aquí es donde uno se sienta, se sirve un Larios y contempla la estupidez humana.
Nadie cambia por otro. El cambio verdadero no se exige, se elige.
Si lo amas con todo y sus defectos, adelante. Si no, no lo ames esperando que un día se despierte convertido en tu versión ideal de pareja con valores.
Eso no es amor, es una novela turca.
“El sexo será siempre bueno”.
Claro, y los lunes siempre serán mágicos.
El sexo es como el vino: necesita tiempo, madurez y saber cuándo abrir la botella y cuándo dejarla reposar.
Habrá días gloriosos, sí, como escena de película francesa.
Y otros donde el cansancio, la rutina o el fastidio se metan entre las sábanas.
El truco no es que el sexo sea siempre bueno.
El truco es que no dejes de querer intentarlo.
“Debería durar para siempre”.
Y aquí viene el mito más cruel.
Hay relaciones que fueron buenas, intensas, necesarias… y que, como los libros que has leído, deben cerrarse.
Insistir cuando el alma ya no late es cobardía.
No se trata de romper a la primera, pero tampoco de quedarte hasta que se seque el cariño y solo quede la costumbre vestida de rutina.
Amar también es saber irse.
Así que sí:
El amor no es una deuda, ni una promesa eterna, ni una película con final feliz garantizado.
Es una decisión diaria, imperfecta, llena de fallos humanos y reparaciones constantes entre dos personas pensantes tan cinco estrellas.
Pero si aún crees que tu pareja está para salvarte, completarte, cambiar por ti, y darte sexo épico sin interrupción…
Entonces no necesitas amor.
Necesitas terapia. Y urgente. PdC.
