Rutas Mágicas

La Antigua, una villa rica en relatos y mitos

Texto de Susana Vega López. Enviada.

La Antigua, Ver.- Muy cerca del puerto de Veracruz, a 28 kilómetros, se encuentra un lugar donde la historia y los mitos se abrazan, se funden, se confunden; se dice que aquí se encuentra la primera casa de Hernán Cortés en México; el árbol donde amarró sus embarcaciones; el primer horno de pan del Continente Americano; la primera iglesia católica; el primer ayuntamiento; la primera villa; uno de los primeros cañones; y un puente colgante de casi 30 metros de largo.

Al llegar a La Antigua Veracruz un arco de concreto que dice: Antigua Vera + (cruz, así, con símbolo) es la entrada a este sitio, localidad del municipio José Cardel, que apenas rebasa los 30 mil habitantes.

En la pared derecha del arco, una placa que resume: “La Antigua Villa Rica de la Veracruz. En el año de 1519, el 21 de abril, jueves santo, arriban los españoles a las playas de Chalchiuhcuevecan y el viernes santo Fray Bartolomé de Olmedo oficia una misa seca a la Santa Cruz. En 1525 se traslada a este lugar la Villa Rica de la Veracruz siendo el mejor lugar de control aduanero y almacenaje. La Antigua, Veracruz, 2007”.

Y aquí, a la entrada del pueblo, la primera confusión, pues el 21 de abril de 1519 no fue jueves sino lunes; el nombre de las playas localizadas frente a San Juan de Ulúa donde llegó Hernán Cortés es Chalchihuecan. Otra fuente señala que llegó el 22 de abril, en viernes santo (en realidad fue un martes).

Al transitar por las calles de La Antigua se ve un señalamiento que indica: Casa de Hernán Cortés (a la izquierda); Ermita del Rosario (derecho) y; Primer Cabildo en México (no dice para dónde). Otro enigma aunque fácil de responder.

CASA DE HERNÁN CORTÉS

Nos dirigimos a lo que, cuentan, fue la Casa de Hernán Cortés. Y es que algunos señalan que no vivió ahí, sólo pernoctó algunas noches porque el lugar sirvió de aduana.

Pero la voz del pueblo afirma que en esta casa -ya en ruinas- vivió Hernán Cortés. Sorprende el estado en que se encuentra el inmueble pues sólo quedan cuartos sin techo que están cubiertos por ramas, raíces que suben y bajan como una gran enredadera que se pega, que abraza, que estruja.

Asombra su construcción que deja ver algunos colores como el rojo y el azul que se encuentran en las paredes alzadas con rocas, corales, caracoles, ostiones, conchas de mar, arcilla, baba de nopal y hasta miel que utilizaron los totonacas para construir esta residencia.

Se nota que hace años se hicieron algunas remodelaciones en las vigas, a manera de mantenimiento, para que no se termine de caer la construcción. No obstante, todo luce bonito, atractivo a la vista que resalta un enigma de la naturaleza que ha intervenido por años en esta casa para que luzca como un misterio pues ya no se sabe si las paredes sostienen los ramajes o son estos quienes mantienen en pie los muros.

A esta casa que parece encantada la entrada es gratuita y sólo abre sus puertas de nueve de la mañana a cinco de la tarde todos los días. En una esquina del predio se aprecia lo que, dicen, es el primer cañón que llegó a América y más allá, lo que, cuentan, fue el primer horno para hacer pan.

A un costado de la casa de Cortés se encuentra La Veracruzana, Casa de Cultura. Lucía solitaria igual que las calles. En algunas viviendas, los habitantes abren sus puertas para ofrecer hielitos de sabores (congeladas), así como toritos y cocadas horneadas.

ARTESANÍAS

Para ingresar se pasa por unos puestos de artesanías donde se encuentra la señora Leticia Rosas, una artesana que trabaja el lirio acuático, periódico, cáscara de naranja, cáscara de pistache, escama de pescado y algo de bisutería para sus creaciones.

Al lirio acuático o la reina del agua (planta de río) que se considera maleza porque invade las aguas de ríos y canales que impiden el paso de la luz y acaba con el oxígeno, artesanos de La Antigua le sacan utilidad para hacer aretes, pulseras, collares, bolsas, sombreros, monederos, tapetes; carteras, viseras, abanicos y forrar botellas de diferentes tamaños y vasos tequileros.

Los precios varían: los abanicos están en 100 pesos; los monederos en 50; los tequileros de a 40 o tres por 100; las botellas desde 50 a 150 pesos según el tamaño; las diademas delgadas en 30, le siguen las de 40 y las de 50 las más gruesas o anchas donde se usan semillas, hilo de yute y/o listón bordado para elaborar las flores que portan estos accesorios.

Doña Leti aprendió en Casa de Cultura de La Antigua. No es oriunda del lugar. Es del Estado de México, de Neza. Llegó a Cardel en 2009 y en 2010, con el huracán Karl -el más destructivo de Veracruz– varios pobladores fueron reubicados y les dieron casa. En 2011 recibió capacitación donde aprendió el oficio de artesana para hacer sus diseños que ahora vende, junto con más personas que elaboran sus artículos de forma manual.

Leti aprendió a tratar la escama para que no huela a pescado y quede seca para pintar, aunque prefiere el color natural. Lo que sí le gusta colorear es la cáscara de naranja.

En este pasaje también se pueden adquirir productos orgánicos: aceite de coco (a 80 pesos), repelente (a 90), bloqueador solar (a 80), crema hidratante de tortuga, jabón de coco, de concha nácar y más, a 40.

LA CEIBA

Un gran árbol de alrededor de 700 años de edad extiende sus gruesas ramas a ras de suelo. Sus extensiones impresionan pues alcanzan los 20 metros de largo. Sobresalen algunas raíces. Es una ceiba, un árbol considerado sagrado por algunas culturas.

En un cartel colocado a un costado del árbol que lleva por título La Ceiba se lee: “Originalmente el río Huitzilapan llegaba hasta el árbol. Es conocido también como pochota el cual produce una especie de algodón que al viento se propagan sus semillas y se ha utilizado para el relleno de almohadas. De su madera se fabrican piraguas artesanales hasta para veinte remeros. Su tronco contaba con casi tres metros. Es un árbol característico de Mesoamérica considerado como el árbol sagrado para algunas culturas prehispánicas.”

Y aquí, otra incógnita pues en ningún lado se lee que el español Hernán Cortés haya atracado sus naves. Los historiadores afirman que es imposible este hecho ya que el río de La Antigua, (antes se llamaba Huitzilapan, lugar de colibríes donde habitaron totonacas) no era tan caudaloso ni adecuado para que entraran los barcos… Aquí entra la vox pópuli que se ha dado a la tarea de transmitir de generación en generación que en esa ceiba -y hasta señalan una gruesa cadena que allí se encuentra- Cortés amarró sus navíos. Y así se ha aceptado. Me gusta más la versión del pueblo.

Antes, el turista se subía para tomarse la foto y presumir ese frondoso árbol donde Hernán Cortés “ató sus embarcaciones…” ahora ya no se permite ni tocarlo. Te tomas la foto a lo lejos.

A la ceiba se le considera el árbol de la vida, de la paz, de la muerte, de la creación, de la justicia, de la libertad, de la sabiduría.

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) se une a la celebración del Día Mundial del Árbol celebrada el pasado 28 de junio y da la bienvenida al mes del bosque, que es julio.

LA PRIMERA IGLESIA

En América, en México, en La Antigua, se encuentra lo que se considera fue la primera iglesia católica. Es un santuario sencillo construido entre 1523 y 1524 que se conoce como la Ermita del Rosario dedicada a Santiago Apóstol y mandada a construir por orden de Hernán Cortés. En su atrio se observan lo que son las 14 estaciones del vía crucis hechas en mosaico de talavera.

Se comenta que franciscanos liderados por fray Martín de Valencia, mejor conocidos como los “doce apóstoles” ayudaron en su construcción. Fue el primer lugar donde se rindió culto católico.

Es un templo de aproximadamente 20 metros de alto y 5 de ancho dedicado, originalmente al Cristo del Calvario. Posteriormente se le rindió culto a la Virgen del Rosario, nombre que actualmente conserva. Fue remodelada y ampliada en 1604 y en 1965 se incorporaron tres campanas que representan a la Santísima Trinidad.

EL RÍO LA ANTIGUA

El río La Antigua embellece, da vida, a este poblado. Como hace mucho calor se antoja refrescarte en sus aguas frescas. Te puedes meter a nadar pero se recomienda no hacerlo a más de dos metros de la orilla porque te podría llevar la corriente. Allí hay restaurantes donde puedes comer mojarra, picaditas, caldo de mariscos, agua de coco y más.

Hay lanchitas que las alquilas para pasear por el río. Llama la atención el nombre de tres que llevan el de las tres carabelas de Cristóbal Colón: La Niña, la Pinta y la Santa María, que nada qué ver con Hernán Cortés pero que la gente se divierte diciendo que aquí llegaron las naves de Hernán Colón o de Cristóbal Cortés.

Un puente colgante de aproximadamente 30 metros de largo comunica los poblados. Turistas y habitantes en general lo cruzan corriendo, saltando, brincando y moviéndolo. Siempre es divertido caminar por un puente colgante aunque no sepas a dónde te lleva pues tan sólo quieres vivir la experiencia.

La Antigua es un lugar que se recorre caminando. ¿Te animas a conocer? PdC.

Foto: Tomada de la página web del Gobierno del Estado de Veracruz.

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