Valor sentimental es, a primera vista, una película pequeña: una casa familiar, tres personas incapaces de hablar sin lastimarse y un guion que parece más íntimo que espectacular. Pero, como suele ocurrir con Joachim Trier, lo pequeño termina siendo un campo minado emocional donde cada silencio, cada gesto y cada disculpa mal hecha habla de décadas de distancias mal gestionadas. Joachim Trier vuelve a demostrar que nadie disecciona el drama humano con tanta precisión quirúrgica ni con tanto humor soterrado como él.
En el centro del huracán está Gustav Borg, interpretado por un Stellan Skarsgård que se entrega con una mezcla de patetismo y grandeza que solo un veterano puede manejar sin caer en la caricatura. Gustav es un director famoso que regresa para “reconectar” con sus dos hijas… es decir, para proponerles que actúen —otra vez— como extensión de su obra. En su cabeza, un proyecto cinematográfico puede recomponer años de abandono. En la realidad, apenas abre viejas heridas que nunca terminaron de cerrar.
Nora, la hija mayor, interpretada con un magnetismo devastador por Renate Reinsve, carga un enojo que no sabe dónde depositar: en su padre, en su carrera, en la idea misma del amor. Renate Reinsve vuelve a su alianza mágica con Joachim Trier y entrega una actuación que vive al borde del colapso sin perder humanidad. Su Nora es brillante, caótica, brillante otra vez, y profundamente frágil. Cada vez que parece que va a explotar, la actriz la regresa a tierra con un gesto que la vuelve real, no arquetipo.
Agnes, la hermana menor —Inga Ibsdotter Lilleaas, magnífica en su sobriedad—, ocupa ese lugar tan ingrato como universal: la hija que “sostiene”, la que modera, la que intenta que la familia no se deshaga aunque ella misma esté hecha polvo. Su viaje al Archivo Nacional, enfrentándose a la historia de su abuela torturada durante la ocupación nazi, es uno de los momentos más desgarradores del filme: ella busca comprensión mientras Gustav solo ve materia prima para una película.
El juego se complica con la llegada de Rachel Kemp (Elle Fanning), la actriz hollywoodense que Gustav elige como reemplazo de Nora. Elle Fanning se adentra con elegancia en un personaje que funciona como espejo y recordatorio incómodo: ¿por qué el padre es más amable con una desconocida que con sus propias hijas? Además, Joachim Trier aprovecha la presencia del star system y los comentarios sobre plataformas de streaming para regalar pequeños guiños irónicos a la industria, sin dejar que eso eclipse el drama central.
Lo fascinante es que nadie en esta familia está completamente equivocado… ni totalmente en lo cierto. El amor existe, pero mal administrado. El rencor también, pero cargado de verdad. Joachim Trier no ofrece soluciones ni redenciones fáciles; en vez de eso, propone algo más honesto: quizás no se pueda reparar todo, pero es posible —por momentos— entenderse.
El final, con Gustav observando a Nora actuar por primera vez, no es perdón ni milagro: es un gesto. Un pequeño espacio donde, aunque sea tarde, el arte deja de separarlos y por un instante los une. Y de eso, Valor sentimental hace cine del bueno. PdC.
Crítica de Antelmo Villa.
