Yorgos Lanthimos vuelve a abrir la caja de los delirios con Bugonia, su remake del clásico de culto surcoreano Salva al planeta verde! (2003). Donde la original era caos puro, punk pop y conspiranoia desenfrenada, Yorgos Lanthimos decide convertir ese festín salvaje en un oscuro carnaval de humor negro, cinismo y tensión seca, de esos que solo él sabe cocinar. Y sí, tiene a Emma Stone otra vez en el centro del huracán… pero el verdadero terremoto se llama Jesse Plemons.

La premisa es tan absurda que parece escrita por un paranoico con wifi: Teddy Gatz (Jesse Plemons), un empleado de almacén obsesionado con teorías alienígenas y protector amateur de abejas, secuestra a Michelle Fuller (Emma Stone), CEO de una megafarmacéutica sospechosa de enterrar un escándalo químico. Él está convencido de que la ejecutiva viene de la galaxia de Andrómeda para aniquilarnos. Ella solo intenta sobrevivir a un sótano rural, un primo torpe armado (el extraordinario Aidan Delbis) y un fanático convencido de que su antihistamínico casero evitará la invasión.

Desde el primer plano, Yorgos Lanthimos subraya la desigualdad social con un sarcasmo elegante: Teddy hace ejercicio en un piso de madera podrida mientras Michelle trota con máscara de altitud y chófer. Está clarísimo a quién debemos odiar… pero la película se encarga de hacernos dudar de inmediato.

Jesse Plemons compone un Teddy esmirriado, grasoso, inquietante y peligrosamente seguro de sus desvaríos. Es Annie Wilkes con barba y un toque de Walter Sobchak. Frente a él, Emma Stone despliega una mezcla deliciosa entre ejecutiva impenetrable y criatura acorralada, sin perder nunca su filo. Las escenas entre ambos —apretadas, incómodas, con la cámara aproximándose como un cuchillo— son lo mejor de la película.

El guion de Will Tracy (El Menú, Sucesión) juega con la ambigüedad como un gato con hilo. ¿Es Michelle realmente humana? ¿Teddy es un loco más o un profeta pasado de vueltas? ¿Y qué hacer con Don, el primo leal pero dubitativo, interpretado por el joven Aidan Delbis, cuya fragilidad lo convierte en el único personaje ético del lote? Su presencia aporta humanidad en un mundo donde nadie parece saber qué diablos está pasando.

Yorgos Lanthimos añade capas que la cinta coreana nunca tuvo: flashbacks fantasmales, rencores familiares y un rastro de pesticidas que explican por qué Teddy está tan empeñado en “salvar el planeta”. También estira la violencia, que llega tarde pero sin sutilezas, incluida una escena de tortura con Green Day sonando de fondo —tan irritante como genial— que marca el cambio de tono hacia un final que solo alguien con la filmografía del griego podría firmar sin rubor.

Bugonia es brillante, torpe, furiosa, divertida y exasperante. Un comentario ácido sobre el poder, la paranoia y la estupidez organizada. Si es sátira o un dedo acusador contra nuestra época, dependerá del espectador. Lo único seguro: Yorgos Lanthimos vuelve a inquietar… y a reírse, quién sabe de quién. Buena. PdC.

Crítica de Antelmo Villa.

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