Rutas Mágicas

Puerto Vallarta, cuna de atardeceres espectaculares

Texto y Foto: Susana Vega López. Enviada.

Puerto Vallarta, Jalisco.- Puerto Vallarta se encuentra en una de las bahías más grandes del mundo: Bahía de Banderas donde los amantes de la naturaleza pueden recorrer sus playas y disfrutar de sus cálidas aguas marinas que esperan a los visitantes para abrazarlos y, de pronto, “revolcarlos”.

Las arenas -según el punto donde te encuentres- se pintan con tonalidades blancas, beige o ligeramente doradas porque la arena es de origen volcánico, a diferencia de las playas del Caribe (Cancún o Tulum por citar algunas) que la arena suele ser blanca y muy fina por su origen coralino.

Bahía de Banderas es…

Una bahía natural situada en la costa del Pacífico mexicano, conocida por sus aguas turquesa, playas paradisíacas y rica biodiversidad. Se ubica entre los estados de Jalisco y Nayarit; se extiende desde Punta Mita, Nayarit, hasta Cabo Corrientes, Jalisco, y es una de las bahías más profundas del mundo con más de 900 metros de profundidad.

Es refugio de biodiversidad marina, hogar de delfines, tortugas, mantarrayas y ballenas jorobadas que migran de diciembre a marzo; su historia incluye asentamientos indígenas prehispánicos y episodios de comercio marítimo y piratería durante la época colonial; es un centro turístico y económico en crecimiento, con hoteles de lujo, gastronomía variada, vida nocturna y servicios modernos, accesible principalmente desde el Aeropuerto Internacional de Puerto Vallarta o por carretera desde Tepic y Guadalajara.

En sus playas se puede caminar, practicar yoga o meditación, nadar, snorkelear, realizar un paseo en vela, rentar una moto acuática, subir a un paracaídas que es jalado por una lancha que te lleva por una parte de la bahía. En fin, la diversión no termina.

Desde la zona sur de Puerto Vallarta el color del mar es turquesa que se funde, a lo lejos, con el azul del cielo. Los atardeceres son espectaculares pues se mezclan el amarillo, con el naranja, el rojo, el rosado, el violeta y el azul que conforme llega la noche desaparecen en la negrura.

En esta época, al amanecer, de pronto, pudimos vislumbrar mantarrayas y tortugas en ese mar verdeazulado que se muestra pacífico pero que tiene bandera roja, por lo que se debe tener cuidado al meterse.

A diferencia del Caribe, en esta zona del Pacífico no hay sargazo; la arena de la playa se torna granulada y con piedritas que masajean los pies. Los tonos ocres de la arena y las rocas se prestan para tomarse la foto del día.

Todo incluido

De vez en cuando es práctico contratar un paquete de viajes todo incluido porque sabes que tendrás avión, traslados, hospedaje, comidas y bebidas sin límite. La diversión en la alberca y los espectáculos que se presentan en el hotel son entretenidos y divertidos.

La experiencia en el hotel Park Royal Puerto Vallarta no fue del todo agradable pues resulta que un área estaba en remodelación, lo que provocaba molestia por el taladrar de los aparatos que, al parecer, no tenían descanso.

Además, te “venden” la idea de que tendrás gimnasio y alberca techada pero al llegar, ¡oh sorpresa!, hay que portar un brazalete negro que tiene un costo adicional.

La comida en los restaurantes fue variada, desde las clásicas tortas ahogadas, hasta el pozole, pasando por los desayunos tradicionales de huevos al gusto, jugo verde y de naranja, fruta de la estación, gelatinas, flanes, pan, hot cakes, pastelillos y bebidas nacionales e internacionales sin faltar un calientito café negro, late, capuchino o con leche, así como atoles varios. También hay restaurantes con especialidad en mariscos, comida italiana y mexicana.

Sin embargo, los horarios muy apretados a pesar de que en vacaciones el tiempo parece que se congela, no obstante no es suficiente pues el desayuno es de ocho a once; la comida de una a cuatro y media y; la cena de seis a nueve y media.

En el área de camastros, al filo del mediodía, las “animadoras” pasan a realizar alguna actividad: te ponen aromaterapia, te dan masaje facial o te ponen mascarillas de barro u otro producto.

Mientras, en la alberca está el concurso de “pelota caliente” donde una red como la de voleibol divide a los equipos y se pasan la pelota de un lado a otro y cuando la música para, el que tenga el balón pierde puntos. Lo malo es que la alberca rebasa el metro y medio de hondo y muchos entusiastas se quedan con las ganas pues no alcanzan parados y es obligado flotar.

También hacen ejercicios y diversos juegos en la alberca pero, lo mismo, sólo para aquellos que rebasan el metro 60, ideal para los extranjeros.

Pero en las noches la diversión no termina pues se presentan diferentes espectáculos como el de la magia, el circo con malabares, equilibrio en aro y danza aérea, o las noches de juegos de apuestas y maquinitas.

Paseo por el malecón

Al caminar por el malecón de Puerto Vallarta se aprecian esculturas realizadas en bronce y piedra, aparte de algunos mosaicos como el de “Los vendedores de pescado” del artista plástico Manuel Lepe.

Así nada más, al aire libre te topas con el clásico hipocampo o “El caballito” con las letras de Puerto Vallarta al fondo; “La rotonda del mar”; “La búsqueda de la razón”; “Los milenios”; “El devorador de piedras”; “Bailarines de Vallarta”; “Lluvia”; “Los amantes” y más obras de arte que acaparan la atención. No faltaron las esculturas en forma de balón de futbol, por aquello de la justa mundial.

Por allá, un barco, el paracaídas, la entrada del atardecer: más acá, mujeres que ofrecen sus servicios de peinadoras: trencitas con cuentas, con listones, con brillitos, y diversos accesorios. Los precios, según el peinado: desde 300 hasta 600 pesos.

También se encuentran vendedores de aguas frescas, paletas, nieves, raspados, helados y tejuino, un preparado clásico que consiste en una refrescante bebida fermentada hecha de maíz, con un ligero sabor agridulce (hay quienes lo acompañan con nieve). Además, unos cuantos artistas plásticos ofrecen sus obras: cuadros, esculturas, pinturas y artesanías hechas a mano.

En determinada parte del malecón resaltan mecedoras de caballitos de madera colocadas en serie que el visitante aprovecha para subirse, mecerse y tomarse la foto.

No olvides dar una vuelta por el mercado del Cuale donde venden artesanías del lugar. Resulta interesante que para llegar a este sitio debes atravesar un puente que cruza un río.

Corona en la torre principal de la parroquia

Al voltear a lo que es la ciudad donde resalta la corona de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe. Se trata de una obra realizada en hormigón que remplaza lo que es el capitel, la aguja o flecha; es una corona monumental de estilo barroco que se ilumina por las noches. Es sumamente rara y única en México. Está sostenida por ángeles.

La torre principal de la iglesia alcanza una altura aproximada de 63 metros. El artista jalisciense Carlos Terrés esculpió dicha corona que tiene por sí sola 15.5 metros de altura y 10 metros de diámetro.

La sostienen ocho ángeles de concreto. Su nombre oficial es Tecuntlanopeuh, palabra náhuatl que significa “la que tuvo origen en la cumbre de Las Peñas. El artista escogió el nombre con una doble intensión: poética e histórica por hacer un homenaje a la virgen que se apareció en el Cerro del Tepeyac; y como homenaje al pueblo ya que el nombre original de la ciudad antes de 1918 era: Las Peñas de Santa María de Guadalupe, hoy Puerto Vallarta.

Cabe señalar que la corona que remata la torre principal de la iglesia es uno de los símbolos de Puerto Vallarta y la corona original se colocó en 1965 con el diseño realizado por el párroco Rafael Parra Castillo y esculpida por José Esteban Guareño.

La corona original se destruyó tras el terremoto de Colima en 1995; posteriormente se colocó por una de plástico y en 2009 fue sustituida por la actual ejecutada por el escultor Carlos Terrés Martín del Campo.

Visitar Puerto Vallarta es una buena opción si lo tuyo es relajarte, desestresarte. Y como dijo Juan Gabriel en su canción La Guirnalda: “Oímos de las olas un canto dulce y suave y vimos las gaviotas -mis consentidas aves- volar… Vimos el sol ponerse, vimos oscurecerse y de un momento a otro el cerro apareció…

“Hoy mi deseo es estar en esta barca, volver a estar en el edén del Puerto de Vallarta”. PdC.

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