¿Hace cuánto que no vas a un museo? Tal vez hace mucho tiempo, tal vez hace poco… pero te aseguro que te vas a sorprender con lo que te vamos a platicar hoy. Así que ponte cómodo, prepara una buena tacita de café y acompáñala con unas ricas donas o unos “pingüinos”, porque vamos a emprender un viaje fascinante.
Aunque la Ciudad de México está llena de museos increíbles para todos los gustos, acaba de abrir sus puertas un espacio interactivo en el Centro Histórico que te hará recordar tu infancia, jugar como niño y descubrir los secretos del alimento más universal del mundo: el pan. ¿Te vienes a recorrerlo con nosotros? ¡Sigue leyendo!
Texto y Foto Susana Vega López.
Son muchas las razones por los que la gente viaja: para conocer nuevos destinos; para tener experiencias; para aprender; por la emoción y la alegría que brinda estar en otro lado; para descubrirse a sí mismo; para cumplir retos; romper miedos; para cultivarse; para crecer culturalmente; para socializar…
Los museos son un buen pretexto para el turista que le guste la historia, el arte, la ciencia, pues un museo se encarga de preservar, mantener y exhibir colecciones varias de algún tema, personaje o empresa.
Así, entre los museos más visitados en el mundo se encuentran: en Paris, el Museo de Louvre; en Madrid, el Museo del Prado; en Londres, el Museo Británico; en Holanda, el Rijksmuseum y Museo de Van Gog; en Ciudad del Vaticano, los Museos del Vaticano que incluyen La Capilla Sixtina y; en México, el Museo Nacional de Antropología.
Y en cuestión de gustos, en la Ciudad de México tenemos museos de muchas temáticas y para todos los gustos y edades, como el Museo del Papalote, el Museo del Tequila, el Museo del Zapato, el Museo de la Caricatura; el Museo del Bombero; y el más reciente: el Museo Bimbo.
Se dice que la CDMX tiene 197 museos, según datos emitidos el pasado mes de agosto por el Sistema de Información Cultural, de la Secretaría de Cultura porque a decir del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, INEGI, en su reporte de junio existen 166 museos.
Mi BIMBO, museo interactivo
En pleno centro de la Ciudad de México, en la calle de Isabel la Católica 51 se encuentra el Museo Interactivo Bimbo que abrió sus puertas el pasado 20 de enero en un inmueble de los años 60 que fue remodelado por Grupo Bimbo para que el público asistente conozca todo lo relacionado a la panadería, con su tecnología, valores e innovación de esta empresa mexicana que cumplió 80 años de su creación.
Tiene capacidad para recibir hasta 500 personas de manera simultánea en una superficie de tres mil metros cuadrados de los cuales más de mil 600 metros cuadrados son espacios de exhibición donde los asistentes pueden interactuar y conocer todo acerca del pan.
Llegamos al Museo un domingo. Había fila para entrar. Parecía que la espera sería larga pero no. El ingreso fue por grupos de 15 personas a quienes nos dieron la bienvenida y explicaron dónde debíamos pagar y dónde comenzar el recorrido. No se permite llevar agua ni comida por lo que hay una revisión de bolsas y mochilas que pueden dejarse en lockers.
Subimos escaleras. Unas luces en el piso nos indicaban el camino. Entramos a un salón donde se informa que los antiguos egipcios fueron los que iniciaron con la panadería y revolucionaron el oficio al desarrollar los primeros hornos y perfeccionar la fermentación.
La llegada de maestros panaderos y pasteleros de Francia e Italia a México -a finales del siglo XVIII- dio origen a las panaderías familiares del país. Llama la atención una foto de la máquina de invención mexicana “Higiénica Múltiple Poo” (1918) donde aparecen: Juan Servitje, José Jorba y Jaime Palomas, así como una Carta Poder fechada en marzo de 1920 por Juan Balcellis donde le otorga todo el poder de la máquina a Juan Servitje.
Más adelante, la mirada se fija en un rojo estandarte en el que se lee “Unión Cooperativa de Dueños de Panaderías en Pequeño. Tacubaya, D.F. 1 de mayo de 1929” con la imagen de un panadero que trabaja en un horno.
También se explica que la panadería “El Molino” comenzó en 1928 como un negocio familiar de Don Juan Servitje y su esposa Josefina Sendra, “Doña Pepita”. “El Molino” se convirtió en la primera pastelería de México que elabora pasteles de seis pisos. Con el tiempo incluyó un restaurante con servicios de cafetería, repostería, comidas y cenas. Esta pastelería sentó el cimiento para la fundación Bimbo.
Luego, un canasto con panes de plástico que se deben poner en un gabinete donde informa qué tipo de pan y de dónde es: pita (Egipto); naan (India); mantou (china); nikuman y shokupan (Japón); bagel (Polonia); bolillo (México) y; ciabata (Italia), por citar algunos.
Las fotos en los asientos en forma de gansito, pingüino y galleta son infaltables; también las de diferentes productos de la marca donde apareces ya sea con bigote, lentes o sombrero; o aquella donde te subes a una camioneta repartidora de Bimbo y haces el papel de conductor y/o acompañante.
La entrada a público en general es de 100 pesos. Hay promoción de dos adultos o más en 80 pesos por persona; visitas escolares 55 pesos; niños de 3 a 12 años 60 pesos; personas con discapacidad y adultos mayores 30 pesos y niños menores de 3 años entran gratis. Por cierto, para los turistas extranjeros la entrada es de 120 pesos.
En este museo se conoce la historia de Grupo Bimbo desde 1945 y se muestra cómo una empresa orgullosamente mexicana ha logrado unir tradición, innovación y valores: desde sus orígenes como una panadería local hasta consolidarse como la panificadora más grande del mundo, con impacto global y presencia en 39 países.
A través de sus 80 exhibiciones interactivas, inmersivas y mecánicas para todas las edades, MiBIMBO ofrece un recorrido donde la tecnología y la memoria se combinan para crear experiencias educativas y transformadoras.
Las diferentes exposiciones permiten al asistente conocer sobre la cadena de valor, desde el campo a la mesa; además, se rinde un homenaje a la tradición panadera mexicana, sus oficios y recetas.
La gente disfruta el hecho de que, por ejemplo, para escuchar una grabación te debes tapar las orejas y recargar los codos en un mueble; o la sala de fútbol donde hay aparatos para hacer ejercicio y la proyección de una portería.
Es un museo diferente donde los visitantes se someten a retos para distinguir olores y sabores; o pueden jugar en maquinitas donde te acomodas en un asiento frente a una pantalla para, con un volante, conducir por una ciudad donde deberás respetar las indicaciones de tránsito (yo, con eso, me mareo); o el lugar donde se encuentra una mesa con platos y cucharas que al tocarlas se iluminan los platos con imágenes.
Además, se informa que la primera ilustración del osito bimbo la hizo Anita Mata en 1944.
Este museo Interactivo Bimbo también es un museo con causa; una parte del ingreso por la venta de boletos se destina a iniciativas de alto impacto, que incluyen el monitoreo científico, la protección de corredores biológicos y la recuperación de ejemplares en riesgo. Estas acciones se desarrollan en colaboración con instituciones como: el Museo del Desierto, la Reserva Chipinque y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT).
A través del Programa Huellas, también incluye un proyecto integral que apoya la conservación del oso negro mexicano, una de las especies en peligro de extinción.
Abre sus puertas de martes a viernes en un horario de nueve de la mañana a seis de la tarde; sábado y domingo de diez de la mañana a siete de la tarde.
El pan se consume en muchas culturas y, a nivel mundial, las personas lo han adaptado a sus ingredientes locales y costumbres, como el pan de Feria que es originario de Tlaxcala. PdC.
Al final, este recorrido por el Museo Interactivo Bimbo nos demuestra que un buen museo no solo guarda objetos, sino que conecta nuestra memoria con el futuro, uniendo la tecnología con las tradiciones que nos dan identidad.
Es un espacio que no solo alimenta la curiosidad de grandes y chicos a través del juego, sino que también apoya causas tan nobles como la conservación del oso negro mexicano.
Así que, la próxima vez que organices una salida de fin de semana, dales una oportunidad a estos tres mil metros cuadrados llenos de olores, sabores e historia. Y a ti: ¿qué pan te gusta más? Cuéntanos en los comentarios y lánzate a vivir la experiencia.
