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CDMX se calienta: ¿qué está pasando con el clima?

Imagínate estar en el café platicando sobre lo raro que está el clima últimamente: un día llueve a cántaros, al otro el sol quema como nunca. Y es que no es solo una percepción tuya; la Ciudad de México de verdad se está calentando.

De acuerdo con datos compartidos en un ciclo de conferencias de la UNAM, desde 1990 la temperatura de nuestra capital ha ido subiendo de manera sostenida, aumentando unos 0.34 grados por década. Si seguimos a este ritmo y en el escenario más pesimista del cambio climático, en un siglo la temperatura podría aumentar más de seis grados.

Suena de miedo, ¿verdad? Pero antes de entrar en pánico, vamos a desmenuzar la información.

El clima “envidiable” que aún nos salva

A pesar de las alertas, los expertos coinciden en algo: el clima de la CDMX sigue siendo un verdadero privilegio. Raramente sufrimos fríos extremos o calores insoportables, el aire es relativamente seco y las lluvias suelen darnos tregua concentrándose por las tardes en verano.

Estamos muy lejos de los infernales 45 grados que se viven en lugares como Nueva Delhi, India, o los más de 40 grados de Tokio, Japón. Aunque el termómetro va en ascenso, todavía no cruzamos esa línea donde el calor afecta de forma directa y masiva a la salud pública.

Sin embargo, no hay que confiarnos, porque el impacto indirecto ya se siente en el ecosistema de la ciudad y en los grupos más vulnerables.

El efecto “isla de calor” y sus consecuencias

¿Por qué se siente tanto calor en ciertas zonas? La respuesta está en la combinación del cambio climático global con la creciente urbanización. Esto provoca lo que los científicos llaman “islas de calor urbano”, que son áreas de la ciudad significativamente más calientes que sus alrededores debido a tanto pavimento y la falta de áreas verdes.

Este calentamiento urbano trae una cadenita de consecuencias que van más allá de sudar un poco más:

Cambios en el ambiente: Menos evaporación de agua, alteraciones en los patrones de lluvia y aguaceros que terminan en inundaciones.

Peor calidad del aire: El calor activa reacciones químicas en la atmósfera, aumentando los gases contaminantes y los malos olores provenientes de la basura y aguas residuales.

Efecto invernadero: Al hacer más calor, usamos más aire acondicionado, lo que libera más dióxido de carbono y metano, creando un círculo vicioso.

Más incendios: La falta de agua para regar los terrenos provoca incendios en las orillas de la ciudad donde chocan el campo y el asfalto.

¿Qué podemos hacer al respecto?

La buena noticia es que aún estamos a tiempo de actuar. Para adaptarnos a estos cambios, los especialistas sugieren transformar nuestras metrópolis en espacios más habitables y resilientes, poniendo a la naturaleza de nuestro lado.

Una gran idea que ya se aplica en lugares como Europa son los refugios climáticos: espacios públicos o privados donde la gente (sobre todo niños y adultos mayores) puede resguardarse durante las horas de más calor en ambientes frescos de 26 a 27 grados.

A esto hay que sumarle la urgencia de sembrar más árboles y crear coberturas verdes en techos y paredes para equilibrar tanto pavimento con ecosistemas urbanos vivos. Al final, salvar el clima de nuestra querida CDMX es una tarea en la que todos, desde nuestras trincheras, podemos poner un granito de arena. PdC.

Fuentes de información: Investigaciones de Erik Velasco Saldaña (Molina Center for Energy and the Environment) y planteamientos de Elvira Jiménez Navarro (Greenpeace España), presentados en el ciclo “Resiliencia y mitigación del cambio climático en ciudades” del Programa Universitario de Estudios de la Ciudad (PUEC) de la UNAM.

Foto: Pláticas de Café.

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