El Rincón del Loco

“El placer de matar a una madre” de Marta López Luaces

Marta López Luaces no ha escrito una novela; ha levantado un manifiesto en forma de ficción. “El placer de matar a una madre” es un título que atrapa como un gancho al hígado, pero lo que esconde detrás es más provocador aún: un retrato incómodo, lúcido y demoledor de la España que aún olía a naftalina franquista en plena “transición” hacia la democracia. Y lo hace desde el espacio más controlado, más aséptico, más simbólicamente feroz que se podía escoger: un hospital psiquiátrico de mujeres.

El placer de matar a una madre comienza con un doble estallido: el asesinato de Carrero Blanco por parte de ETA y el ingreso psiquiátrico de Isabel Rodríguez Padrón, una mujer que confiesa haber matado a su madre. A partir de ahí, la novela despliega un cruce entre lo político y lo íntimo, lo histórico y lo corporal, que hace vibrar cada página. El manicomio es una metáfora del Estado disciplinario: un lugar donde se anestesia a las mujeres que no encajan, donde la locura es sinónimo de rebeldía, deseo o simplemente disidencia. Basta con beber, con amar mal, con no querer casarse. Y zaska: camisa de fuerza. O pastillas. O electroshock. El mecanismo da igual, el objetivo es el mismo: silenciar.

Marta López Luaces no se anda con rodeos. Aquí hay Foucault a raudales, feminismo del bueno (del que incomoda) y un análisis brillante sobre el poder que se ejerce sobre los cuerpos, especialmente los femeninos. Isabel, en medio de ese universo de sombras y batas blancas, empieza a recuperar una voz que nunca le dejaron tener. Porque lo interesante no es si mató o no mató a su madre, sino por qué. Y eso solo se revela a medida que la propia Isabel se desviste emocionalmente en sus sesiones con el doctor Suárez, ese psicólogo joven con apellido simbólico que representa la entrada tímida de ideas más humanas y liberadoras en un sistema carcomido por el autoritarismo.

En ese proceso, Marta López Luaces teje con bisturí una crítica al mito de la familia como refugio, a la maternidad impuesta como destino, y al amor filial como obligación sagrada. La madre de Isabel es la imagen misma de la mujer domesticada, sumisa, resignada. Isabel, en cambio, quiere algo más, aunque ni siquiera sepa cómo nombrarlo. Y es precisamente en ese no saber donde habita la tragedia. Porque a las mujeres de entonces —y no solo de entonces— se les negó incluso la imaginación para pensarse de otra manera. No solo les arrebataron los derechos; les robaron el lenguaje para desearlos.

Lo que fascina de  El placer de matar a una madre es que, a pesar de su carga teórica y simbólica, no deja de ser profundamente humana. Las internas del hospital no son cifras, ni conceptos, ni herramientas narrativas: son mujeres reales, dolientes, vivas aunque zombificadas por el sistema. Y en medio de esa monocromía institucional, se abre un resquicio: una comunidad femenina inesperada, un espacio de sororidad, complicidad y resistencia. Lo que Adrienne Rich llamó el “continuo lesbiano” toma forma entre pasillos clínicos y miradas cómplices.

Narrada desde dos tiempos —el 74 y tres décadas después—, con ritmo preciso y voz firme,  El placer de matar a una madre es también una excavación arqueológica de la memoria, de los daños heredados, de los silencios institucionalizados. Basada en hechos reales, sí, pero contada con la rabia justa, la ternura necesaria y una lucidez que no pide permiso. Porque aquí, matar a la madre no es solo un crimen: es, quizás, el primer gesto de libertad.

Una lectura tan incómoda como imprescindible. Y ese final… perfecto. Te cierra la garganta como una verdad que aunque llega tarde, sigue siendo verdad.

 

Marta López Luaces (A Coruña, España, 1964) es una escritora, poeta, ensayista y traductora, obtuvo su doctorado en 1999 por la New York University (NYU). Desde 1998 enseña literatura contemporánea española y latinoamericana en Montclair State University.

Cuenta con varias publicaciones en poesía y con dos novelas. Fue galardonada con el Intemational Latino Book Award,  con su primera novela, Los traductores del viento, galardón concedido, entre otros, a Isabel Allende y Mario Vargas Llosa. PdC.

Escrito por B. Del Ángel.

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