Texto y Foto: Susana Vega López.
Cada 16 de agosto, una parte de la colonia Buenos Aires se transforma: regresan los que se fueron, las calles se llenan de música, colores, danzantes y carros adornados, y la devoción a la Virgen de San Juan de los Lagos convierte al barrio en una gran celebración.
La Parroquia Santo Cristo del Obrero y Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, Localizada en el Eje 3 Sur 96, colonia Buenos Aires, la Parroquia Santo Cristo del Obrero y Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, mejor conocida como La Iglesia de San Juanita, se viste de fiesta.
Ahí residentes de la colonia Buenos Aires y Doctores, principalmente, así como de la Obrera, Algarín, Álamos y Centro se reúnen año tras años para organizar la fiesta que tanto esperan, a grado tal que muchos de los habitantes que ya no viven en el barrio, regresan.
La feria de juegos metálicos se instala desde dos días antes. Los vecinos ya están listos para adornar sus carros con globos, flores, papel de colores, festones, guirnaldas y más. Algunos encargan a los herreros del lugar una estructura de fierro o plataforma para adornarla y poner una réplica de la Virgen de San Juan de los Lagos o/y la foto de sus seres queridos para participar en el desfile; otros más, alguna leyenda que hace saber que tal o cual familia participa en el convite.
Cuando llega el tan esperado día los feligreses acuden a la media noche al templo para escuchar las mañanitas cantadas por mariachis; más tarde se van a la procesión (el sacerdote y más personas sacan a la Virgen a la calle); otros más sólo acuden a ver el desfile.
La comitiva sale de la Parroquia, atraviesa calles hasta llegar a Dr. Barragán que los lleva directo al Mercado Hidalgo y regresa por Dr. Balmis para finalmente arribar a La San Juanita.
Algunas personas que caminan a los costados regalan dulces, juguetes, artesanías y manualidades que ellos mismos realizaron.
Aquí no importa si eres o no de la banda; a todos se les trata por igual y te debes aguantar si te avientan confeti, harina, espuma, y hasta ¡huevos crudos!, durante tu recorrido ya sea por la feria o por la procesión.
Es tal la romería que parece que están en cualquiera de los pueblitos mexicanos donde los juegos de destreza no faltan; la pirotecnia se hace presente con cohetes que salen disparados hacia el cielo y explotan con gran estruendo; los famosos “toritos” marchan sin control.
El desfile, además de los con carros alegóricos, se llena de música; de personas que portan algún disfraz o sencillamente se ponen algún adorno para sentirse parte del grupo.
A la caravana se suman camadas de concheros (danzantes prehispánicos) que portan sus penachos y taparrabos orgullosos; donde los tambores fueron realizados con cilindros o tambos de lámina y cuero en la parte de arriba para que suene mejor. Este instrumento de percusión, por ser muy pesado, lo suben a una base con ruedas que es jalada por una persona.
Autos de último modelo adornados con globos, flores, festones, algodón o papel multicolor y, ¡claro!, la imagen de su devoción, también hacen presencia en el recorrido.
Algunas estructuras metálicas permanecen estacionadas en las calles durante todo el año hasta que vuelven a utilizarse para la procesión esperada. PdC.
