Edith Wharton, cronista brillante de la alta sociedad neoyorquina, se desmarca en “Estío” una novela que da la espalda a los salones con lámparas de araña y se instala en la polvorienta y sofocante quietud rural de Nueva Inglaterra. North Dormer, un pueblo que apenas es una calle atravesada por la carretera, es el escenario de esta historia áspera y, por momentos, demoledora. En su momento, pasó casi desapercibida, pero los años sesenta la resucitaron como una de las obras más valientes y complejas de su autora. Y no es para menos.
La protagonista, Charity Royall, es una joven de dieciocho años criada por un abogado venido a menos, que la “rescató” cuando era bebé de “La montaña”, un lugar salvaje y despreciado donde, según el imaginario del pueblo, habita gente bruta, sin ley ni decencia. Charity ha crecido entre el desdén hacia sus orígenes y el deseo desesperado de salir de ese pueblo que la asfixia. “Cómo lo odio todo”, repite como mantra: odia su rutina, su entorno, a su tutor y su destino prefijado.
Pero “Estío” no es solo la historia de una joven rebelde: es un retrato punzante de lo que significa ser mujer en un entorno rural y conservador, donde cada desviación del camino trazado se paga con estigma y soledad. Edith Wharton dibuja a Charity con trazos complejos: es altiva, ignorante, tierna y testaruda. Su orgullo, nacido de la inseguridad, la lleva a despreciar consejos y cometer errores previsibles. Su desprecio hacia otras chicas del pueblo, a las que acusa de “caídas”, es una proyección brutal de sus propios miedos. Pero lo más duro es ver cómo repite, una a una, las mismas decisiones que juzga.
El punto de inflexión en su historia es la llegada de Lucius Harney, un arquitecto joven, encantador, culto, forastero. Es, para ella, la posibilidad de otra vida. Una puerta abierta. Y, también, la trampa más obvia. Charity se enamora y, aunque el lector ya sabe hacia dónde va todo, el viaje no pierde fuerza. Edith Wharton no necesita giros espectaculares porque lo suyo es el detalle, el pulso narrativo exacto, la construcción impecable del ambiente opresivo. El amor de Charity es desigual, no solo por clase y educación, sino por lo que cada uno espera de la relación. Lucius se va, claro. Y lo que deja atrás no es un corazón roto, sino una mujer cambiada.
¿”Provocativa por sus implicaciones sexuales”? Así reza la edición española. Tal vez porque alguien creyó que así se vendería mejor. Pero no es un libro sobre sexo, sino sobre deseo y castigo, sobre el precio social de la autonomía femenina. El sexo está, sí, pero siempre bajo el peso de la culpa y el juicio ajeno.
El final —duro, sin redención fácil— es un puñetazo en la mesa. Edith Wharton no salva a su protagonista ni la convierte en mártir. La deja donde está: sola, digna, derrotada pero no vencida. “Estío” es una novela seca, amarga y bellísima. No es una historia de princesas ni de héroes. Es la historia de una chica que quiso algo más. Y no pudo. O no la dejaron.
Edith Wharton (Nueva York, 1862 – Pavillon Colombe 1937) fue una escritora y diseñadora estadounidense. Su familia era de clase alta, comparable a la aristocracia europea, y consecuentemente recibió una esmerada educación privada. PdC.
Escrito por B. Del Ángel.
