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La ansiedad y su relación con la hipertensión

Con esta vida tan agitada que vivimos a diario ya es muy común escuchar que las personas padecen de presión alta. Pero ¿qué significa que se nos eleve la presión? Para empezar, se le conoce como la “asesina silenciosa” por los estragos graves que causa en la salud y porque no presenta síntomas.

La presión arterial alta conocida como hipertensión, es una afección común en la que la fuerza de la sangre contra las paredes de las arterias, constantemente es demasiado alta (130/80 mm Hg o más). Al obligar al corazón a trabajar más puede dañar arterias y órganos; aumentando el riesgo de infarto, derrame cerebral, y enfermedad renal, entre otros problemas graves.

¿Qué factores puede causar hipertensión?

La ansiedad, si bien no es una causa directa de hipertensión crónica, puede tener efectos perjudiciales en la presión arterial a través de aumentos temporales y cambios en el estilo de vida, según advierten expertos en salud.

La presión arterial alta, conocida médicamente como hipertensión, es una condición que requiere manejo a largo plazo. La relación con la ansiedad es más matizada. Los ataques de ansiedad o pánico provocan aumentos bruscos y temporales de la presión arterial.

Aunque estos picos son transitorios, su frecuencia es un factor de riesgo. Los aumentos temporales que ocurren a diario o con regularidad pueden dañar los vasos sanguíneos, el corazón y los riñones de manera similar al daño observado en personas con hipertensión a largo plazo.

Además del impacto fisiológico directo, las personas que experimentan ansiedad o estrés crónico son más propensas a adoptar hábitos que contribuyen a elevar la presión arterial, como:

  • Fumar
  • Beber alcohol.
  • Comer en exceso.

Un factor adicional a considerar es el tratamiento farmacológico. Algunos medicamentos utilizados para tratar la ansiedad y otros trastornos de salud mental pueden, paradójicamente, elevar la presión arterial. Entre estos se encuentran los inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina (IRSN).

Los profesionales de la salud enfatizan la importancia de buscar ayuda si la ansiedad es difícil de controlar o interfiere con las actividades diarias. Es crucial discutir estos síntomas con un equipo de atención médica para encontrar el tratamiento más adecuado y manejar cualquier riesgo potencial para la salud cardiovascular.

Un profesional de la salud mental puede proporcionar las herramientas y el apoyo necesarios para abordar eficazmente la ansiedad.

¿Qué significa la medición?

Se mide con dos números (ej. 120/80 mm Hg): 

Sistólica (el número superior): Presión cuando el corazón late.

Diastólica (el número inferior): Presión cuando el corazón descansa entre latidos.

Categorías (según el Colegio Americano de Cardiología): 

  • Normal:Menos de 120/80 mm Hg.
  • Elevada:Sistólica entre 120-129 Y diastólica < 80.
  • Hipertensión Etapa 1:Sistólica 130-139 O diastólica 80-89.
  • Hipertensión Etapa 2:Sistólica 140 o superior O diastólica 90 o superior.

Causas y factores de riesgo: 

  • Edad avanzada, genética, sobrepeso/obesidad, falta de ejercicio, dieta alta en sal, estrés, tabaco, alcohol.

Consecuencias:

Si no se trata, daña arterias y órganos, llevando a: enfermedad cardíaca y derrame cerebral, insuficiencia cardíaca, problemas renales y oculares (pérdida de visión), demencia.

La “asesina silenciosa”:

A menudo no hay síntomas, pero es crucial medirla regularmente para detectarla y manejarla con cambios de estilo de vida y/o medicamentos. PdC.

Con información de Mayo Clinic.

Foto de David Garrison.

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