Leer “Los enamoramientos” de Javier Marías es como asistir a una conversación infinita en la mente de alguien que no sabe si está enamorado, en duelo o simplemente perdido entre sus propios pensamientos. “Los enamoramientos” no corre ni vuela; camina despacio, se detiene, se da la vuelta y vuelve a pisar sus propias huellas con una obstinación hipnótica. Aquí no hay giros de guion espectaculares ni revelaciones brutales; hay observación, sospecha, remordimiento, incertidumbre. Y eso, para quien sabe leer despacio, es un festín.
La historia comienza con una escena cotidiana: María Dolz, editora, observa cada mañana en una cafetería a una pareja que encarna, a sus ojos, la felicidad conyugal. Pero pronto, ese retrato idealizado se quiebra: el hombre es asesinado. A partir de ahí, María se aproxima a la viuda y a un tercer personaje, Javier Díaz-Varela, amigo del difunto, con quien entabla una relación que mezcla deseo, sospecha y manipulación emocional.
¿Thriller? Ni de lejos. Javier Marías toma el esqueleto de la novela negra solo para colgarle capas de reflexión, digresión y referencias literarias que convierten a la trama en un segundo plano, casi anecdótico. El interés no está en saber quién mató a quién, sino en explorar cómo procesamos la pérdida, cómo nos justificamos para actuar (o no actuar), cómo nos enamoramos sabiendo que probablemente nos engañamos.
La prosa es densa, sinuosa, cargada de subordinadas. Cada frase parece escrita con un espejo retrovisor en la mano: todo lo que se dice está en permanente revisión, cuestionamiento o replanteamiento. Sí, a veces uno quisiera gritarle al autor: ¡Avanza, Javier, avanza! Pero también hay algo hipnótico en ese volver una y otra vez sobre lo mismo, como quien acaricia una herida para comprobar si aún duele. Cada vuelta aporta un matiz nuevo, una grieta en la certeza anterior.
Uno de los grandes aciertos de “Los enamoramientos” es el tono narrativo: María no es una narradora inocente ni confiable, y eso añade una capa fascinante de ambigüedad. Es una mujer reflexiva, sagaz, pero también presa de sus propios deseos y contradicciones. El lector se ve arrastrado por su forma de pensar, por su forma de amar, por su incapacidad de juzgar del todo a quien tal vez cometió lo imperdonable.
Hay quien dice que esta novela es sobre el amor. Lo es, pero en su versión más desconcertante: ese estado mental que nos nubla, nos arrastra, nos hace justificar lo injustificable. Pero también es un libro sobre la muerte, sobre la forma en que seguimos viviendo con los muertos, sobre la imposibilidad de cerrar del todo una historia.
¿Tiene defectos? Claro. Javier Marías es reiterativo hasta el agotamiento en algunos pasajes, las digresiones pueden parecer ejercicios de estilo más que avances narrativos, y el ritmo, para quien busca velocidad, es desesperante. Pero también tiene frases de una lucidez demoledora, momentos de verdad que te sacuden y te obligan a subrayar como si estuvieras excavando con lápiz en mano.
Termino, “Los enamoramientos” no es una novela para leer con prisa ni para quien necesite respuestas. Es una invitación a perderse en el laberinto de la conciencia, a vivir en suspenso, no por la trama, sino por el desconcierto de ser humanos. Un libro para rumiar, no para devorar.
Javier Marías Franco (Madrid, 1951- 2022) fue un escritor, traductor y editor español. Profesor en la Universidad de Oxford y en la Complutense de Madrid. Sus obras se han publicado en cuarenta y seis lenguas y en cincuenta y nueve países, con casi nueve millones de ejemplares vendidos. Elegido miembro internacional de la Royal Society of Literature (RSL), la organización benéfica del Reino Unido para la promoción de la literatura. Fue miembro de número de la Real Academia Española desde el 2008 hasta su fallecimiento en el 2022, donde ocupó el sillón «R» PdC.
Escrito por B. Del Ángel.
