Leos Carax responde a la pregunta “¿Dónde estás ahora?” con un filme que comienza con una confesión tan honesta como tramposa: “No lo sé”. Así arranca “No soy yo”, un ensayo fílmico de 41 minutos concebido inicialmente para una exposición del Centro Pompidou, pero que terminó estrenándose nada menos que en la alfombra roja de Cannes. Y sí, Baby Annette regresa. Pero si venías buscando nostalgia pura, vas por mal camino. Esto no es un “greatest hits”, es un flujo de conciencia en celuloide.

Leos Carax mezcla de todo: archivo personal, imágenes de sus películas, reflexiones filosóficas, recuerdos familiares, una conversación con Godard, explosiones, Hitler, Gaza, un cementerio parisino, textos sobreimpresos y hasta una confesión accidental sobre el punto de vista en el cine. Es un collage desordenado, sí, pero también es sincero. No busca complacer. No se disculpa. Y aunque no es la obra más lúcida ni más aguda del cine ensayo, hay que reconocerle a Leos Carax que se atreve a mostrarse… incluso cuando dice que no se está mostrando.

Visualmente, No soy yo” es un experimento libre que combina materiales de distinta calidad, formato y época. El resultado es una especie de scrapbook cinematográfico que a ratos fascina, a ratos abruma. Hay momentos de verdadera belleza —como cuando filma a su hija en el Pont Neuf— y otros de desconcierto, donde la velocidad narrativa y el caos visual te dejan pensando: “¿Qué demonios estoy viendo?”. Pero Leos Carax no busca claridad, sino provocar sensaciones. Y en eso, cumple.

Sí, se siente menos arriesgado que los ensayos de Godard, su maestro espiritual. Sí, a veces peca de blando, rehuyendo zonas oscuras de su vida o carrera. Pero también hay algo valioso en esa negativa a entregarse por completo: una contradicción profundamente humana. Porque aunque diga “esto no soy yo”, lo cierto es que todo esto es él. Un director atrapado entre el impulso de revisarse y el pudor de exponerse.

La inclusión de Baby Annette y la elección de Modern Love de Bowie como acompañamiento son guiños que conectan con el público fiel. Pero más allá del fetiche cinéfilo, No soy yo” plantea preguntas interesantes sobre el rol del cine en la era digital, la mercantilización de las imágenes, la banalización del registro cotidiano. ¿Tener una cámara en cada bolsillo nos ha acercado al cine o lo hemos diluido?

¿Es un film desordenado? Sí. ¿Pretencioso? Probablemente. ¿Interesante? Sin duda. Es, ante todo, una ventana al taller mental de un cineasta que se niega a ser explicado. No es una obra mayor, ni aspira a serlo. Es un gesto: una respuesta sin respuesta, un autorretrato que niega su propia identidad mientras deja expuestas todas sus huellas digitales. Paradojas que, como el mismo Leos Carax, no necesitan resolverse para ser genuinas.

En el fondo, No soy yo” es justo lo que su título dice… y también lo contrario. PdC.

Crítica de Antelmo Villa.

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