Rutas Mágicas

Regina, lucha por preservar su cocina tradicional y sus costumbres mixes

Texto y foto de Susana Vega López.

¿Has oído hablar y/o probado el “machucado”? Es un platillo ancestral que prepara la comunidad mixe en los meses de julio y agosto. “Desde que tengo uso de razón, decían las personas grandes, que esto es para espantar el hambre, para ahuyentarla, porque en esos meses se van escaseando las cosechas. Los mayores decían que era para tapar el ombligo”, señala Regina Domínguez Juan, cocinera tradicional de la Sierra Mixe, Oaxaca.

El evento de negocios y relaciones estratégicas dedicado a la regeneración, fortalecimiento y crecimiento de la industria del Turismo de Aventura y Naturaleza más importante de México y América Latina que presiden Antonio del Rosal Stanford y Rebeca Yáñez, Atmex, invitó a un grupo de reporteros a la Sierra Mixe.

Regina es integrante y fundadora de la Unión Turística Nación Mixe que lucha por preservar sus usos y costumbres. Llegamos a su cocina gracias a Uriel Alcántara y Shala, de la empresa Raíz Ayuuk, quienes también forman parte de la Unión y participaron en Atmex.

Llegamos muy temprano a la cocina de Regina para convivir con la familia. Éramos once participantes. Ya nos esperaban. Nos sentamos en sendas sillas y formamos un círculo. De inmediato nos ofrecieron té y/o café.

Regina se presenta y saluda en mixe. En su cocina de humo ya está un metate con “la mano” (una piedra) y un montón de masa de maíz en espera de ser remolida en este utensilio prehispánico.

Invita a experimentar la molienda. “La mano” es muy pesada. Trato de cargarla y de inmediato corrige: “no se carga, sólo se arrima la masa y solita va pasando con el movimiento. Toma una porción generosa y la palmea con las manos para, después, echarla al comal que ya espera con la lumbre a todo lo que da.

Son tortillas muy gruesas y grandes. Pienso que no podremos comer más de una pero, ¡oh sorpresa!, la tortilla gorda se apila, luego se apachurra con la mano del metate y se lleva a una cacerola con caldillo de jitomate; se vuelve a apachurrar para lograr el guiso “machucado” que se acompaña con una deliciosa salsa molcajeteada y tasajo.

El machucado se presenta en una cacerola que se coloca en el piso de tierra para honrarla. Con la ayuda de su hija pusieron dos platos con tasajo (carne en tiras) que tenía un sabor delicioso y otro plato más con aguacates partidos a la mitad. Antes, un transparente y caliente caldo de chayote dulce, del espinoso, al que se le pone cebolla picada.

Aquí se ofrece te de limón, café y mezcal. Antes de probar el mezcal se ofrenda un chorrito que se deja caer en la tierra y después ya se procede a beber y comer.

Regina es una de las fundadoras de la Unión Turística Nación Mixe, quien colabora en unión con la empresa Raíz Ayuuk y lucha por preservar sus usos y costumbres. Nació en Santo Domingo Tepuxtepec pero por azares del destino (no había escuela en su población) llegó a la comunidad a estudiar la secundaria. Explica que la región mixe se divide en tres: mixe alto; medio; y bajo. La lengua varía según la zona y entre ellos, en ocasiones, es difícil entenderse. Está convencida en que se debe cuidar el medio ambiente, tratarlo con respeto y disfrutar el lugar.

Ella ofrece comida tradicional en ocasiones especiales y en la vida diaria. “Aquí mi gente se prepara su comida y entonces no les hago a ellos, sólo cuando me lo piden. “Aquí comemos el machucado, el mix, el chugannos…” (y entonces nombra una serie de platillos el mixe), para lo que usa el quintonil, el quelite, la yerbamora, las guías del chayote, de calabaza, y “más yerbas comestibles, orgánicas, que tenemos aquí”. Además, sabe usar las plantas para curarse a sí misma, a su familia y a quien se lo solicite.

Trabaja el campo y los ingredientes ya los cosechó: el aguacate, el jitomate, el maíz… y siempre agradece a la madre tierra y al Creador. En esta ocasión agradeció por el hecho de que llegamos con bien a la zona, que el camino no sea incómodo (subiremos a la montaña sagrada) y que regresemos con salud.

Cuenta que no es fácil subir y recuerda que en una ocasión fue con su hija quien le dijo que caminaba muy despacio, que se iba a adelantar. “Llevaba agua y antes me dejó el gallo porque, dijo, esto pesa mucho”.

-Dámelo, le dije y ya lo llevé.

Entonces agarró el agua y se fue. Caminó a mano izquierda y cuando se dio cuenta empezó a bajar. “iba bajando y pensó que eso no debe ser porque es subida y agarra y regresa. Yo le estuve gritando y nada contestó. Tuvo que regresarse. Cuando bajé ella estaba llorando, esperando y reprochando.

-Ustedes me dejaron.

-No, es que tú agarraste otro camino. Te dije que agarraras todo a la derecha.

-Iban dos abuelitos con un burro y los seguí. Así me dijo. El chiste es que no llegó y tuvo que regresarse.  Para subir hay que ir con entusiasmo, con el propósito de llegar porque si no te pierdes. Es increíble.

Nosotros le decimos al cerro ip xiuc o ep xiuc, que significa cerro de 20 picos porque hay 20 divinidades… montes. Es una montaña en fila que a lo largo hay 20 cerros como el de Coatepec. Un lugar donde se puede ofrecer, pedir y dar gracias a Dios. Por lo general se llevan flores, algo de comer, pollos y veladoras, nos comenta luego de saber que subiríamos ese, su cerro sagrado.

JUANITA

Convivimos también con Juanita. Es partera. Una mujer alegre, sonriente, de quien no se le adivina la edad. Igual se le calculan 35, 45 o 60 años. Su mamá era partera como la mamá de su mamá; heredaron el don igual que su hermana Jovita. “Somos las parteras” y recuerda que cuando su mamá estaba teniendo a su hermanita, Juanita tenía ocho años y le pidió que le ayudara, “agarrara un trapo para recibir a mi chamaco”.

Dije: -“¿qué está pasando?”

-No tengas miedo, hija. Es la regla de la vida. Tú ve a tu hermanito para que tú sepas. Acaba de nacer otro ser viviente. Tu hermanita. Ya la tienes.

Así comencé a recibir niños. De por sí que quería tener un hermanito y siempre jugaba con muñecas de trapo. Hacía mis muñequitas de trapo y las envolvía. Dicen que tengo buena mano para sobar el vientre, para acomodar a los bebés. Mi hija también”.

Y platica que “a esa hermanita yo la cuidé hasta que creció. También a la otra la tuve por siete años y a sus hijas también. Ella se fue, ya no quiso estar. Bien se puede vivir aquí, no más que es trabajar el campo, hacer de todo un poquito para sobrevivir porque realmente dinero, dinero no hay mucho. No hay. Uno tiene que buscarle. La verdad que le he buscado. Si no es aquí me voy a otros pueblos a atender partos, a sobar gente.

-También soba?

-Sí, pero embarazos. No soy huesera. Eso es otra cosa. Yo acomodo al bebé y sobo la espalda. A veces necesitamos que nos soben y cuando llega mi hija me da mis buenas sobadas, (sonríe).

Reitera que “el primer parto que yo atendí tenía ocho años. Yo no sabía qué pasaba. Sólo veía que mi mamá se quejaba. La atendí. Mi último bebé (de cinco que tuvo) lo quería atender mi hija. Y ya con el ultrasonido -estamos hablando de 2004-, fui al ultrasonido y me dijo que iba a nacer el 25 de noviembre, por lo que mi hija me dijo que la otra semana no iría a la escuela porque en cualquier día cae. Mi hija estaba en la secundaria. Se quedó conmigo. Me sobó; me dijo: ¡mira, aquí está su cabeza!

Y sí, se siente. La mano lo siente. Cuando tu mano es puesta para esto, se siente. Cuando uno nace para eso no necesita preparación, sin estudios, sin teoría. ¿Yo qué teoría tengo? Nada, es la mano.

Mi hija tiene ese don y le dije que quería que estudiara para doctora

-Pues si mamá, ¿pero y esto? (y hace un signo de pesos con la mano).

-Entonces, enfermera, enfermera.

-Pero no me gusta.

-Pero tienes que estudiar. Lo que a ti te guste. Estudia. No te quedes como yo.

Y sí, gracias a Dios mis tres hijas que tengo estudiaron, se prepararon.

Juanita también es temascalera y afirma que cuando se casó el requisito para hacerlo era que su hombre le pusiera un temascal porque es muy bueno. “¡Y me lo puso!, si no. No me casaba”.

Y es que, señala, “es muy bueno el temascal, pero hay que tener cuidado. Un día, una abuelita quería meterse pero sus hijos no la dejaban porque tenía la presión alta. “Pues ella se fue a otra casa y les pidió que le prepararan el temascal. Como no sabían, se lo pusieron. Y al rato que le fueron a hablar, ya no estaba, (sonríe). Ya se había ido, pero al otro mundo. Allí se quedó.

“Por eso antes pregunto para qué quiere el temascal, si es para relajarse, o para curar o para qué. No soy médico pero sé usar el temascal”.

Juanita también prepara pomadas de árnica y de vaporrub. PdC.

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