Historias Comunes

Si el universo conspira, que suelte algún spoiler

Por Bernat del Ángel.

Esperando en la fila de un café, escuché a dos mujeres discutir si era un buen día para tomar decisiones importantes. Una de ellas, con gesto de preocupación, hojeaba una revista y murmuraba: “Mercurio sigue retrógrado, mejor no firmo nada”. La otra asintió con gravedad: “Yo también me esperaría, además, mi horóscopo dice que hoy es un día de introspección”.

Pedí mi café sin azúcar, como se debe, y salí de ahí con la certeza de que, en el siglo XXI, la gente sigue buscando señales en las estrellas para no hacerse responsable de su propia vida.

La incertidumbre es un animal cruel. Nos acecha en cada decisión, en cada duda, en cada mirada al vacío antes de saltar. Y como el ser humano no está diseñado para lidiar con lo desconocido sin un mínimo de histeria, inventamos métodos para domarlo: astrología, lecturas de café, señales divinas, el tarot de la vecina y, por supuesto, el comodín más efectivo de todos, la pura y bendita coincidencia.

Porque admitámoslo: si en la radio suena justo esa canción cuando estamos dudando sobre escribirle al ex, es porque “el universo nos está hablando”. Si el número de la casa que estamos por comprar coincide con nuestra fecha de nacimiento, es una señal de que ahí seremos felices. Y si nos encontramos un billete de 500 pesos en la calle justo cuando estábamos dudando si salir o no, evidentemente es el destino dándonos un guiño de aprobación.

Nos gusta pensar que el caos es, en realidad, un mensaje cifrado. Que todo tiene un significado profundo. Que las cartas astrales y los mercurios retrógrados dictan nuestra vida mejor que nuestra propia capacidad de tomar decisiones. “La luna en escorpio te dice que no confíes en nadie”, dice el horóscopo. No, chiquis, lo que pasa es que ya te han jodido tantas veces que te vendieron paranoia disfrazada de sabiduría cósmica.

Y en este circo de señales divinas, nadie quiere hablar de lo evidente: la vida sigue con o sin la bendición de los astros. El planeta ha girado durante siglos sin consultarnos. La muerte siempre es una sorpresa hasta que la tienes enfrente, y entonces ya es tarde para preocuparse. Y ese solomillo que parece inofensivo puede joderte el estómago igual si lo bendice un chamán o si lo comes con la convicción de que está “energéticamente limpio”.

Pero claro, enfrentarse a la vida sin excusas requiere agallas. Es más fácil culpar al destino, al zodiaco, a la energía del día o a las cartas del tarot. Es más cómodo ver signos en cualquier estupidez antes que aceptar que, al final, el que decide eres tú. Porque si todo es un plan cósmico, entonces la responsabilidad no es nuestra, y eso, cariño, es un alivio del tamaño de Júpiter.

Así que ahí vamos, cada día, buscando señales, interpretando coincidencias como si fueran mensajes secretos del universo, cuando en realidad solo somos niños asustados jugando a entender un mundo que no tiene guion. Y, mientras tanto, el planeta sigue girando, sin pedirnos permiso, sin darnos respuestas, sin importarle lo que diga el horóscopo de la semana.

A ver, ya sé que este texto está muy aries…PdC.

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