Kogonada, ese cineasta de silencios delicados y melancolías geométricas que nos regaló Columbus y After Yang, decidió ahora tomar una curva cerrada en su filmografía… y patinó.

Su nueva película, “El gran viaje de tu vida”, suena grande, promete belleza y aventura, pero termina siendo más un tropezón que un trayecto memorable. Es como si el director hubiera cambiado el mapa por un GPS defectuoso —y no uno cualquiera, sino uno con la voz monótona de Jodie Turner-Smith— para guiarnos a ningún lugar en particular.

En El gran viaje de tu vida”, Kogonada no escribe ni edita, y se nota. El guion es de Seth Reiss (The Menu), quien parece haber metido en la licuadora todos los clichés del cine romántico contemporáneo y pulsado “mezclar sin criterio”. El resultado: una colección de escenas que fingen profundidad, un rompecabezas armado con piezas de otras películas que no terminan de encajar. Hay ideas interesantes —puertas mágicas, recuerdos compartidos, amores en ruinas—, pero todas se evaporan antes de que podamos sentir algo real.

Colin Farrell y Margot Robbie encarnan a David y Sarah, dos despojos sentimentales que se conocen camino a una boda y acaban embarcados en un viaje “místico” hacia su pasado emocional. El problema es que ni la química ni el guion ayudan. Colin Farrell, experto en miserables entrañables, está reducido a un triste muñeco de trapo. Margot Robbie, en cambio, parece atrapada en una parodia de sí misma: una manic pixie dream girl que lanza frases como “soy un monstruo” o “la vida no es corta” con la solemnidad de un taller de autoayuda. Puag.

El tono fluctúa entre el musical cursi y el ensayo filosófico de bar. Hay una escena musical que casi convence de que Kogonada podría dirigir un musical algún día, pero aquí solo sirve para recordarnos lo que no es: emoción sincera. Phoebe Waller-Bridge aparece con un acento alemán inexplicable, Kevin Kline cumple sin entusiasmo, y el resto del reparto flota como figurantes de un sueño caro pero sin alma.

Visualmente, eso sí, El gran viaje de tu vida” es hermosa. Colores saturados, encuadres precisos, esa obsesión casi japonesa por el detalle estético que Kogonada domina. Joe Hisaishi firma la partitura, y aunque su música acaricia el oído, ni él puede rescatar una historia que suena hueca. Todo luce, todo brilla, pero nada vibra. Es como contemplar una postal preciosa de un lugar que no existe.

El gran viaje de tu vida” quiere hablar del amor, del tiempo y de las heridas que arrastramos, pero termina pareciendo escrita por una inteligencia artificial programada para imitar el sentimentalismo sin entenderlo. Es un viaje que promete revelaciones y solo entrega eslóganes. Y al final, uno se queda igual que los protagonistas: varado en medio del camino, con la sospecha de que la vida —como esta película— es a veces más pretenciosa que profunda. Pufff. Prescindible. PdC.

Crítica de Antelmo Villa.

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