El cine y la televisión siempre han tenido una relación incómoda con la verdad. Septiembre 5”, el thriller de Tim Fehlbaum, se mete de lleno en esa fricción al dramatizar el ataque terrorista de 1972 en los Juegos Olímpicos de Múnich, donde el grupo palestino Black September secuestró y asesinó a 11 atletas israelíes. Pero en lugar de centrarse en la tragedia humana o la geopolítica, la película prefiere explorar cómo la televisión convirtió aquel día en un espectáculo global.

Más que un relato heroico o un análisis de los hechos, Septiembre 5” es un examen quirúrgico de la cobertura televisiva. La historia sigue a los ejecutivos y técnicos de ABC Sports, encabezados por Roone Arledge (Peter Sarsgaard), Geoffrey Mason (John Magaro) y Marvin Bader (Ben Chaplin), quienes se enfrentan a la presión de narrar un evento que escapa a su manual de entretenimiento. Septiembre 5” recrea el momento en que el periodismo televisivo cambió para siempre: la frontera entre noticia y show se diluyó, y la audiencia mundial se convirtió en espectadora de un thriller en tiempo real.

La puesta en escena de Tim Fehlbaum está llena de decisiones estilísticas que refuerzan su punto de vista. La fotografía de Markus Förderer adopta una estética apagada, casi borrosa, como si viéramos la historia a través de un televisor mal sintonizado. La recreación del secuestrador enmascarado en el balcón es escalofriante, pero no tanto por la amenaza en sí, sino por el reconocimiento inmediato que genera: una imagen convertida en icono instantáneo del terror.

Septiembre 5” no se detiene en los secuestradores ni en las víctimas, sino en la maquinaria televisiva que intentaba entender lo que pasaba sin perder audiencia. Se nos recuerda que ABC cometió un error garrafal al anunciar prematuramente que la crisis había terminado en paz, solo para descubrir minutos después que todos los rehenes habían sido asesinados. En medio del caos, algo más nació: el bug” de transmisión, ese pequeño logotipo que hoy vemos en las esquinas de la pantalla y que ABC inventó en esa cobertura para que nadie olvidara quién estaba transmitiendo la tragedia.

El gran mérito de Septiembre 5” es cómo nos lleva a cuestionarnos qué es historia y qué es el relato construido sobre ella. La cinta insinúa que la cobertura mediática de aquel día fue el primer ensayo de lo que luego se convertiría en la fusión total entre noticias y entretenimiento, una tendencia que terminó devorando al periodismo. Si Munich (2005) de Steven Spielberg humanizaba a víctimas y verdugos, Septiembre 5” humaniza a los ejecutivos televisivos, pero no por simpatía, sino para mostrar cómo operan en la jungla de los ratings.

No es la mejor película sobre Múnich 72, pero sí la más interesante en su enfoque. Nos deja con la inquietante sensación de que la televisión, más que informar, construye su propia versión de la realidad. ¿La historia como un set de grabación?

Tal vez. Lo inquietante es que, en 1972, noventa millones de personas ya estaban sintonizando. Buena. PdC.

Crítica de Antelmo Villa.

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